La farsa de las
condecoraciones y la quiebra de la ética militar. - Finalizada
la campaña militar del Alto Cenepa en 1995, el Comando del Ejército del Perú
dispuso la creación de una comisión calificadora para determinar las
condecoraciones, recompensas y premios del personal según su participación en
el frente externo. Esta comisión estuvo integrada por tres generales de
escritorio carentes de experiencia operativa, quienes, sin tomarse la molestia
de escuchar los testimonios de los verdaderos protagonistas del conflicto,
decidieron a puerta cerrada a quiénes correspondía una felicitación, un diploma
o una medalla de oro, y a quiénes se le condenaría a la omisión absoluta.
El 9 de diciembre de 1995, con
motivo del Día del Ejército, se llevó a cabo la ceremonia oficial de
condecoración para los combatientes, defensores de la patria y las banderas de
guerra de las unidades participantes. En aquel momento, cualquier combatiente
con un mínimo sentido de la lógica se habría preguntado si la comisión
evaluadora cumplió con el procedimiento institucional más elemental: consultar
de manera escalonada los méritos de la tropa. Lo ético y justo dictaba
solicitar la opinión del coronel jefe de Operaciones Tácticas sobre los
oficiales del Estado Mayor y comandantes de unidad; la de estos últimos sobre
los mayores y capitanes de compañía; la de los capitanes sobre sus tenientes,
subtenientes, técnicos y suboficiales jefes de sección; y la de estos mandos
directos sobre sus clases y soldados.
Este procedimiento, tan
simple, lógico y moral, jamás se realizó. A una gran cantidad de oficiales,
técnicos, suboficiales y personal del Servicio Militar Obligatorio que pusimos
el pecho en el frente de batalla contra las tropas ecuatorianas, se nos privó
de un reconocimiento oportuno bajo el pretexto de que el informe formal «no lo
ameritaba». Peor aún, se nos negó la oportunidad de presentar un parte escrito
de nuestras operaciones militares.
Una vez concluidas las
acciones de armas, el sistema se cerró por completo: no hubo espacio para
reclamos y a los que contábamos con los argumentos y evidencias para respaldar
nuestra participación se nos ignoró deliberadamente. ¿Por qué la comisión temía
escuchar a quienes combatimos en primera línea? La respuesta es la notable
ausencia de justicia institucional, de honestidad personal y de ética
profesional en la calificación del personal. El reconocimiento de la graduación
militar por defender a la patria en acción de armas contra un enemigo externo
quedó pisoteado por los altos mandos.
La realidad detrás de este
agravio responde a la corrupción de la época. El alto mando del Ejército,
capturado por una cúpula de generales sumisos al régimen dictatorial de Alberto
Fujimori y Vladimiro Montesinos, orquestó un engaño masivo con la promesa de
una medalla de oro valorizada en mil dólares americanos y l entrega a la mano
de un incentivo económico de tres mil soles. Esta distinción económica y moral
terminó entregándose principalmente a unos 1,200 combatientes adscritos a las
guarniciones de Lima. En contraste, el grueso de los verdaderos combatientes de
las guarniciones de provincias —más de 2,000 hombres— fuimos cínicamente
ignorados y engañados. Por ello, aquella ceremonia de distinciones dejó un
sabor amargo en la historia militar del país: algunos recibieron más de lo que
merecían, otros menos, y muchos de los que verdaderamente sangramos en la selva
no recibimos absolutamente nada.
A todos los hermanos de armas
que fueron injustamente omitidos y olvidados por la burocracia militar, solo me
queda recordarles una verdad inquebrantable: nadie podrá quitarles jamás la
inmensa satisfacción personal de haber defendido con valor el territorio
nacional. Esa dignidad y honor valen infinitamente más que cualquier medalla o
recompensa material. Si esa nefasta comisión de escritorio hubiera tenido la
tarea de calificar la histórica campaña de la Breña o la Batalla de Tarapacá,
tengan por seguro que el Mariscal Andrés Avelino Cáceres hoy no sería el
patrono del Arma de Infantería.

Vamos a las hipotesis haber por que no hicieron algo tan simple de procedimiento comun, acaso habia algo que esconder, para Chiabra Tiwinza ha estado tomado siempre y los monos apenas nos miraba corrian despavoridos, imaginese ud entre tantos ex combatientes alguien hubiera dicho la verdad, que tiwinza nunca se pudo tomar, que la lucha ha sido encarnizada y dura y que los ecuatorianos no nosregalaron nada facil. Cual era la intencion del gran chiabra y su mancha de peleles esconder la verdad y salir como heroes y victoriosos del alto cenepa. Pregunto algun soldado del conflicto sabiamos en combate quien era Chiabra, recien ahora vemos reportes periodisticos y nos dicen que era el gran artifice y luchador del cenepa, haganme el favor, si chiabra ha luchado en conflicto disculpen yo debo ser Rambo X, para variar.
ResponderBorrarNavarro, de que unidad eras tú y en qué acciones participastes?
BorrarMucho ecuatoriano resentido se infiltra por aquí
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