La Sorpresa del «japonés» Fujimori en los
Almacenes de la 5ta DIS Bagua 1995
A finales de febrero de 1995,
mientras el fragor del combate continuaba en las cotas del Cenepa, la
retaguardia en el Cuartel «El Milagro» —sede de la 5ta División de Infantería
de Selva en Bagua, Amazonas— vivía su propia y vergonzosa realidad. Al recinto
llegaban toneladas de donaciones enviadas por el pueblo peruano: camiones
repletos de sacos de papa que terminaban pudriéndose a la intemperie cerca de
la guardia de prevención, montañas de ropa de todo tipo, zapatos, zapatillas y
doce mil panetones donados por la firma D'Onofrio. Sin embargo, toda esa ayuda
permanecía injustamente bajo llave en los depósitos del Servicio de
Intendencia. Como testigo directo del frente, puedo afirmar que el
abastecimiento de alimentos (el rancho) para el personal enganchado en combate
directo con el enemigo fue desastroso. El sistema de intendencia fracasó
rotundamente.
La crisis alimentaria llegó a
oídos del propio presidente Alberto Kenya Fujimori Fujimori cuando visitó la
primera línea en el sector de la «Y». Allí, la tropa, debilitada por el hambre,
le transmitió sus quejas directas por la escasez de rancho. Indignado por la
situación, el «Chino» retornó de inmediato desde el frente y urdió una audaz
estrategia para fiscalizar la retaguardia. Ingresó de incógnito al cuartel «El
Milagro» oculto dentro de una ambulancia que entró por el sector de la Compañía
«Tigre». Nadie en la instalación se percató de su llegada hasta que fue
demasiado tarde.
Al bajarse del vehículo, el
mandatario ordenó abrir de inmediato todos los almacenes del cuartel. En ese
instante, el caos se apoderó del recinto. Observé a los oficiales de servicio
correr desesperados de un lado a otro. El comandante jefe de Cuartel y varios
oficiales superiores llegaron pálidos y asustados ante la presencia del
presidente. Me apersoné al lugar para observar la escena y vi cómo abrieron un
almacén que se encontraba repleto de cajas, hasta el techo, con los panetones
D'Onofrio.
—«¿Y esto?»— inquirió Fujimori
con evidente indignación.
Sin perder el tiempo, siendo
aproximadamente las 13:00 horas, ordenó que todo ese cargamento fuera enviado
de inmediato en helicóptero hacia el Puesto de Vigilancia Nº 1 Amazonas para
alimentar a los combatientes.
Como el ingreso presidencial
por la puerta lateral tomó por sorpresa a todo el servicio del cuartel, los
altos mandos buscaron un chivo expiatorio para lavarse las manos. La cuerda,
como siempre en la vida militar, se rompió por el lado más débil: el único
sancionado con ocho días de arresto simple fue un Suboficial de Primera de la
banda de música militar, quien en ese momento cumplía funciones como Oficial de
Guardia.
En el acto los panetones
fueron trasladados en helicópteros con destino al Puesto de Vigilancia N° 1
ubicado en el distrito Cenepa, donde repartieron a la tropa hambrienta.
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