AUDIO ALTO CENEPA 1995

lunes, 17 de noviembre de 2014

CORRUPCIÓN Y TRAICIÓN DE GENERALES DEL EJÉRCITO CAMPAÑA MILITAR DEL ALTO CENEPA 1995

Las dos caras del Alto Cenepa: El sacrificio de la tropa en el frente de batalla y la corrupción de la cúpula en la sombra de la retaguardia. -  Durante la Campaña Militar del Alto Cenepa en 1995, los combates contra las tropas de Ecuador en el valle del Cenepa cobraron muchas vidas en el campo de batalla; asimismo, dejaron a numerosos combatientes mutilados y a cientos de heridos, afectados principalmente por las minas antipersonal y las esquirlas de granadas de mortero. En aquellos momentos de sacrificio por la patria, los soldados ingresaron al valle del Cenepa en condiciones sumamente desfavorables: sin cascos, sin chalecos antibalas, carentes de sistemas GPS y, sobre todo, sufriendo una severa escasez de rancho. Mientras en la primera línea se combatía con notables carencias, en la retaguardia imperaba la corrupción y la traición de la clase política de turno y de altos mandos del Ejército del Perú.

Muchos oficiales desleales con la institución aprovecharon la coyuntura para su beneficio personal, refiriéndome principalmente a sectores del Servicio de Intendencia y de Transportes. Estos elementos desviaron recursos bajo la complacencia de oficiales del grado de General. Por ejemplo, si un batallón de seiscientos hombres dejaba de recibir rancho durante tres días consecutivos, cabe preguntarse a dónde iba a parar ese dinero que ya se encontraba debidamente presupuestado. En el Alto Cenepa no participó una sola unidad; se desplegaron más de cinco mil combatientes en el teatro de operaciones.

Un suboficial chofer me comentó en su momento que las cisternas de combustible procedentes de la ciudad de Lima eran desviadas y vendidas clandestinamente en los grifos de Chiclayo y Bagua, repartiéndose las ganancias entre los jefes. Este testimonio guarda total consistencia con lo que yo mismo pude constatar la tarde del 6 de febrero de 1995 en las instalaciones del cuartel El Milagro, sede de la 5.ª División de Infantería de Selva. Para el transporte del personal militar desde dicho cuartel con destino a Mesones Muro, numerosos transportistas de la zona norte del país se organizaron y se presentaron por turnos, de manera voluntaria, para colaborar con sus camiones.

Dentro del cuartel, dispuesto a cerciorarme de la realidad, interrogué a tres conductores. Uno de los choferes que manejaba el camión que trasladó al personal del Batallón Contrasubversivo N° 28 de Rioja desde Bagua hasta Mesones Muro me manifestó lo siguiente: «Las empresas de camioneros estamos colaborando voluntariamente, colocando nuestras unidades al servicio del Ejército durante una semana por turnos, sin costo alguno para la institución».

Mientras esto ocurría con el transporte civil gratuito, la ayuda humanitaria sufría una pésima gestión. Toneladas de sacos de papa que llegaron en calidad de donación terminaron pudriéndose en las inmediaciones de la guardia de prevención del cuartel. El desprecio por los recursos no quedó allí; también se recibieron toneladas de sacos de arroz, fideos, ropa de todo tipo, zapatos, zapatillas y hasta doce mil panetones, cargamentos que terminaron arrumbados o retenidos en los almacenes de la 5.ª División de Infantería de Selva en El Milagro. El propio presidente de la república, el ingeniero Alberto Fujimori Fujimori, llegó a constatar in situ las graves deficiencias en el sistema de abastecimiento y rancho en la zona de guerra.

Generales del Ejército de aquella cúpula, como Nicolás de Bari Hermoza Ríos, Víctor Malca Villanueva, José Villanueva Ruesta, César Saucedo Sánchez, Walter Chacón, Juan Yanque Cervantes y Juan Manuel Delgado, entre otros, desviaron fondos públicos a manos llenas. Años después, las investigaciones judiciales revelarían cuentas ilícitas que superaban los veinte millones de dólares por cada uno. El origen de esa fortuna ilícita se encontraba allí: en el dinero desviado del combustible, de las raciones de la tropa, de los presupuestos de los procesos electorales municipales y presidenciales, e incluso del narcotráfico.

Gracias a este conflicto bélico, diversos generales del Ejército y personal del Servicio de Intendencia aseguraron indebidamente el porvenir de sus familias, ostentando en la actualidad residencias, vehículos de lujo y toda clase de comodidades materiales a expensas del sacrificio del personal de Tropa en el frente.

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