El Capitán que Dejó de Existir en el Cenepa.- El domingo 12 de febrero de 1995 amaneció con la tensión flotando en cada rincón de la cota 1274. A las nueve de la mañana, en el Puesto de Comando Avanzado del Batallón Contrasubversivo Nº 28, el teniente coronel de Infantería Julio Celestino Chaparro Beraun rompió la tensa calma. Con voz firme, el comandante de Unidad ordenó formar a todo el personal por compañías. Los hombres debían presentarse con el armamento limpio y el equipo listo para el combate inminente en la cota 1232.
En medio del rigor de la
formación, un vacío se hizo evidente: el Capitán de Infantería Luis A.
Fernández Dávila Valdivia, el temido Capitán "Oscar", brillaba
por su ausencia. Los oficiales, técnicos y suboficiales cruzaron miradas de
desconcierto. Los murmullos comenzaron a correr como la pólvora entre las
filas. El comandante Chaparro, buscando disimular la gravedad de la situación,
alzó la voz:
—¿Dónde está el Capitán "Oscar"? ¿Dónde está? ¡Ubíquenlo en este
mismo momento!
Nadie entre los mandos se
atrevió a responder. Fue desde la masa de la tropa, de aquellos muchachos del
Servicio Militar, de donde salió un grito directo:
—El capitán está abajo, escondido, mi comandante.
La indignación desfiguró el
rostro del teniente coronel. Con un gesto seco, ordenó a dos soldados que
bajaran corriendo a buscarlo y le exigieran incorporarse de inmediato a la
línea. Los soldados de servicio militar partieron a toda prisa y regresaron
diez minutos después escoltando al oficial. El espectáculo dejó a todos
completamente atónitos. El Capitán "Oscar" caminaba con la mirada
perdida, sin equipo militar, sin su armamento de dotación y con el pantalón
suelto, desprovisto de toda dignidad militar.
Tras un silencio sepulcral que
pareció eterno, el comandante rugió con severidad:
—¡Capitán "Oscar"! ¿Qué le pasa a usted? Se presenta totalmente
desmoralizado, sin ánimo... ¿Dónde está su armamento? ¿Dónde está su equipo?
El capitán no parpadeó. Su
respuesta selló su destino y su deshonra ante todo el batallón:
—Mi comandante, anímicamente me siento muy mal. No estoy en condiciones de
entrar en combate.
El murmullo de indignación
recorrió las filas como una corriente eléctrica. Un capitán del Ejército se
quebraba antes de pisar el frente. El teniente coronel Chaparro se quedó en
silencio, asimilando la traición psicológica de uno de sus oficiales
principales en la víspera de la batalla. Sin perder un segundo más, desvió la
mirada y preguntó con frialdad:
—¿Quién le sigue en antigüedad a este oficial?
Desde la formación, dio un
paso al frente el teniente de Infantería Edwin Ramírez García, conocido en el
Frente Huallaga bajo el seudónimo de "Marcelo". Con un
enérgico "¡Presente!", asumió en ese mismo instante el mando de la
Compañía "C". La cobardía de uno abría paso al liderazgo del otro.
Al día siguiente, el lunes
13 de febrero, el oficial que en tiempos de paz se mostraba déspota y
abusivo, se convirtió en fantasma. Mientras el grueso del Batallón Nº 28 se
batía a sangre y fuego en la cota 1232 —en las profundidades del Valle del
Cenepa y bajo la sombra de la falsa Tiwinza—, "Oscar" abandonaba el
Helipuerto "Tormenta".
Los rumores de su huida no
tardaron en confirmarse. Varios combatientes reportaron haberlo visto
merodeando en el Puesto de Vigilancia Nº 1, buscando desesperadamente abordar
un helicóptero de evacuación, confiando en que uno de sus compañeros de promoción
era el piloto. Sin embargo, el control de salida en el PV1 era férreo y sus
primeros intentos fracasaron. Pero el miedo encuentra caminos: en los días
siguientes logró burlar la vigilancia y desertó de la zona de guerra
apareciendo en el Cuartel “El Milagro de Bagua, sede de la 5ta DIS en Amazonas.
La paradoja más amarga de esta
historia me golpeó en la cara unos días después. El 18 de febrero, mientras me
encontraba en las instalaciones del Cuartel de la 5ta División de Infantería de
Selva "El Milagro", en Bagua, volví a cruzarme con él, ya lejos del
peligro.
Años más tarde, la burocracia
militar firmaría la burla definitiva hacia los verdaderos combatientes. A pesar
de su vergonzosa huida, el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas del Perú
reconoció oficialmente al Capitán Luis A. Fernández Dávila Valdivia como Combatiente
del Alto Cenepa mediante la Resolución del Comando General del Ejército Nº
260 DE/EP/CP, expedida en Lima el 28 de mayo de 2001. En su Cuadro Básico,
aquel hombre que dejó desamparados a sus soldados recibió los tres puntos de
incremento en el Factor de Servicios Prestados. Una medalla de papel para un
capitán que prefirió la sombra del foso al estruendo de la gloria.
.jpg)
Este es el que se escapo, actitud cobarde, ese dia fue una de las dificiles, cuando veia a todos los heridos caminar, soldado popeye llego a helipuerto y se tiro al suelo, cm ya no puedo mas tenia varias heridas de bala.
ResponderBorrar