AUDIO ALTO CENEPA 1995

martes, 13 de marzo de 2018

PERSONAL Y MATERIAL DE COMUNICACIONES DURANTE LA CAMPAÑA MILITAR DEL ALTO CENEPA 1995

Las Comunicaciones Militares en el Conflicto del Alto Cenepa (1995). - En el ámbito de la guerra convencional, los equipos de radio de muy alta frecuencia (VHF), alta frecuencia (HF/BLU) y ultra alta frecuencia (UHF) constituyen el medio principal de comunicación entre las unidades de combate, los elementos de apoyo de fuego, las patrullas y las secciones de reconocimiento. En el Ejército del Perú, el empleo de estos sistemas se organiza formalmente a través de dos redes de comando: la Red N° 1, destinada exclusivamente al control de las unidades y patrullas de maniobra en combate directo con el enemigo, y la Red N° 2, reservada para los enlaces administrativos y el apoyo a las operaciones.

La eficacia de estas comunicaciones depende estrechamente de la topografía y de las condiciones meteorológicas. Los mandos militares dependen de ellas para impartir órdenes en tiempo real y para intercambiar información crítica con los jefes de unidad y los conductores de tiro de morteros y artillería. Sin embargo, en un escenario geográfico tan hostil como la selva peruana, estas redes suelen experimentar graves fallas. Esto se debe a la densa vegetación, las condiciones climatológicas adversas, la insuficiente dotación de material moderno, la falta de adiestramiento de los operadores de comunicaciones y las acciones de guerra electrónica ejecutadas por el enemigo.

La génesis de esta problemática técnica se remonta a 1991, cuando los batallones de la Primera Región Militar del Perú recibieron como dotación el equipo de radio de fabricación israelí Tadiran PRC 2200 (S) de 20 vatios. Esta tecnología de vanguardia operaba en una gama de 1.5 a 29.9999 MHz con 285,000 canales de radiofrecuencia (separados por 100 Hz) y permitía transmisiones tanto en señal abierta (claro) como en modos protegidos: Secreto (SEC) y Saltos de Frecuencia (AJ) para contrarrestar el espionaje radiofónico.

Al estallar el conflicto armando con el Ecuador en 1995, el Comando del Ejército dispuso la redistribución urgente de estos equipos Tadiran hacia las unidades desplegadas en la selva (5.ª Región Militar). No obstante, debido a la premura del desplazamiento de las tropas, no hubo tiempo suficiente para instruir a los operadores en la operación, programación y mantenimiento de estos radios, que en ese momento representaban el material más moderno de la institución. En bases o estaciones fijas donde se contaba con energía convencional de 220 VCA o grupos electrógenos, el Tadiran PRC 2200 (S) podía alimentarse con un voltaje de entre 10 VDC y 14.5 VDC mediante el adaptador AD-1224. El verdadero desafío radicaba en su empleo portátil en la primera línea.

Durante los combates en el Valle del Cenepa a inicios de 1995, las deficiencias logísticas del material de campaña de alta frecuencia (HF/BLU) se hicieron evidentes. Mientras algunos batallones peruanos acudieron al frente con los modernos equipos Tadiran PRC 2200 (S), otras unidades operaban con radios franceses Thomson TRC 372 y TRC 340 de 20 vatios. Estos últimos eran modelos sumamente antiguos que solo transmitían y recibían en señal abierta (en claro).

Esta mezcla heterogénea de tecnología moderna y obsoleta provocó una grave incompatibilidad técnica. Como consecuencia directa, se fracturó el enlace entre el Puesto de Comando (PC) principal —ubicado en el Puesto de Vigilancia N° 1— y los batallones o patrullas que combatían en sectores clave del valle, como las inmediaciones de la cota 1061 (conocida como la falsa Tiwinza). El sistema de comunicaciones radiales colapsó por completo, aislando al comando de sus combatientes dispersos en la selva.

Ante este fracaso técnico, el Ejército se vio obligado a recurrir a un medio alterno y rudimentario: el envío de mensajeros a pie a través de las trochas. La falta de comunicación oportuna provocó que siete de estos soldados perdieran el rumbo o fueran emboscados por las fuerzas invasoras de Ecuador. Tras ser capturados y declarados prisioneros de guerra, fueron trasladados a Quito, donde permanecieron hasta que se gestionó su liberación y posterior canje mediante la intervención humanitaria de la Cruz Roja Internacional.

Finalmente, el factor energético también condicionó el desenlace táctico del radio Tadiran PRC 2200 (S) en su configuración portátil de mochila. Para garantizar la movilidad del combatiente en la selva, el equipo requería una alimentación de entre 10 VDC y 14.5 VDC provista por la batería de níquel-cadmio (Ni-Cd) TNC 2188. Para recargarla en campaña, la única opción disponible en el terreno era el cargador solar portátil TCS-124B, el cual funcionaba mediante el efecto fotovoltaico.

Este dispositivo contaba con celdas de material semiconductor (generalmente silicio cristalino) que absorbían los fotones de la radiación solar; al impactar con los electrones de la celda, generaban un flujo de corriente continua regulada a 14.5 VDC a través de sus bornes positivo y negativo. Sin embargo, la efectividad de este panel solar dependía totalmente del clima: si bien operaba de manera óptima en espacios abiertos bajo un sol radiante e intenso, resultaba completamente inútil bajo la densa sombra de los árboles o durante los días nublados y lluviosos del Cenepa. El equipo poseía una segunda alternativa mecánica de recarga mediante el generador manual (o dinamo) ALG-125B; no obstante, según los registros del Servicio de Comunicaciones del Ejército (SCOME), este componente nunca llegó a ser adquirido al fabricante en Israel, dejando a las patrullas peruanas sin una fuente de energía autónoma y confiable en el peor momento del combate.

Crónica de las Comunicaciones y la Defensa Aérea en el Alto Cenepa (1995). - En la agreste geografía del Alto Cenepa, Amazonas, las limitaciones del cargador solar portátil TCS-124B se hicieron evidentes de inmediato. Las condiciones meteorológicas adversas —caracterizadas por lluvias constantes, densa neblina y una humedad extrema—, sumadas a la frondosa cobertura de árboles gigantescos que impedían el paso de la luz solar hacia el suelo, anularon la efectividad de los paneles fotovoltaicos. En escenarios de selva baja y cerrada como este, la doctrina militar exige el uso de generadores manuales o dínamos. Sin embargo, debido a la negligencia logística del Comando del Ejército, el material de comunicaciones adecuado nunca llegó al frente, lo que desencadenó graves crisis tanto en los equipos como en el desempeño de los operadores.

La gran mayoría del personal de comunicaciones no se encontraba entrenado ni actualizado para operar el moderno sistema israelí Tadiran PRC 2200 (S). En la zona de operaciones, muchos de los llamados "Oscar Charlies" (operadores de comunicaciones) evidenciaron una preocupante falta de preparación táctica. Se trataba de personal que por años había permanecido en labores netamente administrativas dentro de oficinas, operando computadoras en los cuarteles generales de las Grandes Unidades de Combate, como si pertenecieran a la especialidad de Estado Mayor. Al ser trasladados de imprevisto al frente de batalla, demostraron una total falta de profesionalismo; debido a su desconocimiento técnico, eran incapaces de configurar el radio transmisor y, con frecuencia, manipulaban de forma errónea el selector de funciones, colocándolo en la posición ERS (Erase/Borrado), lo que eliminaba instantáneamente toda la programación almacenada en la memoria del equipo.

Un reflejo de esta indisciplina y falta de instrucción ocurrió la mañana del jueves 9 de febrero de 1995 en el Puesto de Vigilancia N° 1, sede del Puesto de Comando de todas las operaciones militares de la campaña. En momentos en que el Batallón Contrasubversivo N° 28 de Rioja se preparaba para desplazarse a la línea de fuego, el Técnico de Primera Juan Negrón, especialista en comunicaciones, fue designado para integrar una patrulla portando el radio de mochila Tadiran PRC-2200 (S). El técnico se negó rotundamente a cumplir la misión propia de su especialidad, escudándose en su antigüedad y alegando que no sabía operar el equipo. Tras sostener una fuerte discusión verbal con un capitán, se le obligó a formar e ingresar a la selva cargando el radio. No obstante, al día siguiente desertó del sector conocido como la "Y", aduciendo sufrir de cólicos severos y estrés. Como él, varios técnicos y suboficiales demostraron un rendimiento deficiente en el combate por su incapacidad para operar los selectores y programas de los equipos de radio moderno.

Aunque mi especialidad de origen es la de mecánico de comunicaciones y electrónica, las demandas del combate en el Valle del Alto Cenepa me llevaron a asumir, por orden superior, el mando como comandante de una de las patrullas de combate del Batallón Contrasubversivo N° 28 de Rioja. A pesar de cumplir funciones de infantería, me mantuve al tanto del estado de los enlaces en alta frecuencia (HF/BLU). Presenciar tanta improvisación generaba una profunda frustración; incluso observaba a oficiales de armas, con los grados de teniente y subteniente, que desconocían por completo cómo emplear el cargador de datos G-10. Este conflicto dejó al descubierto que los oficiales del arma de comunicaciones eran entrenados prioritariamente para la burocracia administrativa y no para las exigencias operativas de la guerra real.

Por otro lado, entre los años 1984 y 1993, presté servicios en diversas guarniciones de los departamentos de Tumbes, Piura y La Libertad. Durante los cursos de actualización en la Primera Región Militar, algunos oficiales comentaban que las Fuerzas Armadas del Ecuador habían adquirido equipos de guerra electrónica en Israel destinados a interceptar y anular nuestras frecuencias de VHF y HF. No obstante, la experiencia en el terreno demostró que dicha información era inexacta. Durante la campaña del Cenepa, el enemigo no aplicó ningún tipo de perturbador o jamming para bloquear nuestras comunicaciones en transmisión abierta ("en claro"). Lo que sí ejecutaron con éxito fue el reconocimiento aéreo.

Durante las noches, aviones de reconocimiento ecuatorianos sobrevolaban el espacio aéreo peruano con total impunidad, dando vueltas lentamente sobre posiciones clave como el Puesto de Vigilancia N° 1, la "Y", la Cueva de los Tayos y el Helipuerto Tormenta. A través de la radiogoniometría, el enemigo intentaba localizar las coordenadas de nuestras estaciones de radio; sin embargo, no lo consiguieron debido a que nuestras unidades operaban estrictamente en silencio de radio (Rad Sil) durante la noche para evitar ser detectados. El verdadero motivo por el cual las aeronaves ecuatorianas entraban y salían libremente de nuestro territorio era la alarmante ausencia de una defensa antiaérea eficaz y la falta de misiles tierra-aire modernos.

Un ejemplo de esta vulnerabilidad ocurrió la madrugada del 10 de febrero, aproximadamente a las 01:30 horas, cuando un avión de reconocimiento ecuatoriano realizó tres sobrevuelos en círculo sobre el sector de la "Y", lugar donde pernoctaba el grueso del Batallón Contrasubversivo N° 28 junto a otros elementos de combate. En dicha posición no se disponía de misiles tierra-aire Strella ni de ametralladoras antiaéreas calibre punto 50; estábamos completamente desprotegidos.

Una situación similar se repitió el sábado 11 de febrero a las 23:45 horas en la cota 1274, conocida como el "Helipuerto Tormenta". Mientras descansaban en el lugar las tropas del Batallón Contrasubversivo N° 28 de Rioja, el Batallón Contrasubversivo N° 314 de Huánuco y un equipo de tiradores de cohetes Strella procedentes de Arequipa, otra aeronave de reconocimiento enemiga ingresó a baja velocidad. El avión describió tres órbitas sobre la posición peruana y, tras concluir su misión de espionaje, se retiró lentamente hacia el sector del Puesto de Vigilancia Coangos, en territorio ecuatoriano. La nave volaba a una altitud superior a los dos mil metros, lo que impidió técnicamente que los operadores del sistema portátil Strella pudieran efectuar el disparo. En esa cota tampoco se contaba con la ametralladora pesada punto 50, cuyo alcance de tiro eficaz de hasta 6000 metros habría sido ideal para batir el blanco.

A pesar de las adversidades, el personal del arma de comunicaciones —reconocida históricamente como el "Arma del Comando"— demostró que, al igual que la Infantería, siempre está en la primera línea de la batalla. Durante las operaciones en el Alto Cenepa, los comunicadores participaron de forma directa y activa en misiones de combate real: algunos asumieron con valor el liderazgo de patrullas, otros operaron los radios bajo fuego y muchos actuaron como enlaces humanos. Fue debido a este despliegue en las líneas más avanzadas que la gran mayoría de los prisioneros peruanos capturados por el Ecuador fueron los "chasquis" o mensajeros a pie, quienes terminaron interceptados por el enemigo en el corazón de las trochas selváticas.

jueves, 22 de febrero de 2018

DEFENSORES DE LA PATRIA ENGAÑADOS POR EL COMANDO DEL EJÉRCITO CAMPAÑA MILITAR CENEPA 95

Inequidad en los Reconocimientos y Deuda con los Defensores de la Patria. - El 9 de diciembre de 1999, el Comando del Ejército Peruano otorgó a un grupo selecto de 1,200 combatientes, calificados como Defensores de la Patria, una medalla de oro valorizada en mil dólares americanos, acompañada de un incentivo económico de tres mil nuevos soles. Sin embargo, este beneficio se distribuyó bajo un criterio centralista que favoreció exclusivamente al personal de oficiales, técnicos, suboficiales y tropa del servicio militar pertenecientes a la guarnición de Lima.

Esta asignación dejó en el olvido a un contingente de 1,760 combatientes que recibieron la calificación de Defensores de la Patria después del año 2001. Este grupo quedó completamente excluido tanto de la medalla de oro como del estímulo monetario. Ante los reclamos formales presentados por los afectados, la Comandancia General del Ejército y el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas eludieron su responsabilidad institucional, argumentando que dichos premios correspondieron a una política específica del gobierno de Alberto Fujimori y declarando las solicitudes como extemporáneas.

En un intento por subsanar estas omisiones, el 7 de junio de 2001 se llevó a cabo una ceremonia de desagravio en las sedes de las distintas Regiones Militares y órganos operativos del país. Bajo el marco legal de la Resolución de la Comandancia General N.° 260 DE/EP/CP, emitida el 28 de mayo de 2001 por disposición del General de Ejército José Cacho Vargas, se otorgó la Condecoración "Medalla del Combatiente Mariscal Andrés Avelino Cáceres Dorregaray" en el grado de Al Mérito.

Esta distinción honorífica estuvo dirigida al personal de oficiales, técnicos y suboficiales debidamente calificados por el Comando Conjunto como combatientes del Alto Cenepa que arriesgaron sus vidas entre enero y febrero de 1995. El proceso de evaluación y selección estuvo a cargo del Comando de Personal del Ejército (COPERE), con el objetivo explícito de reconocer el valor, entrega, sacrificio y compromiso de aquellos efectivos que habían sido ignorados en las premiaciones previas. Asimismo, la resolución estipulaba que el reconocimiento se extendería al personal civil y de tropa licenciada cuyos datos hubieran sido remitidos formalmente por sus respectivas unidades.

Aunque el acto oficial fue recibido con civismo por los soldados, quienes manifestaron su compromiso de portar la presea del "Brujo de los Andes" con humildad y continuar sirviendo a la nación, el evento terminó por revelar una amarga realidad. Tras la entrega de las condecoraciones en junio de 2001, se hizo evidente que las promesas de equidad institucional eran falsas: un gran número de valerosos soldados fue nuevamente marginado del proceso, afectando de manera directa e injusta a la tropa licenciada que combatió proveniente de las regiones de la selva y de la sierra peruana.

La Lucha Administrativa de un Defensor del Cenepa: El Caso del SO1 MCE EP Grimaldo Miguel Pineda Ramírez. - Tras la exclusión sufrida en las condecoraciones y reconocimientos de junio del año 2001, inicié un largo e implacable proceso administrativo para ser reconocido oficialmente como Defensor de la Patria. Mi reclamo no era nuevo; ya en el mes de mayo de 1995, inmediatamente después del conflicto, había presentado mi primera solicitud ante el Comando del Batallón Contrasubversivo N° 28 con sede en Rioja (San Martín), petición que la institución simplemente ignoró.

A partir de 1997, prestado servicios en el Batallón de Ingeniería de Combate Motorizado N° 32 en Caraz (Huaylas, Áncash), continué los trámites ante el Comando del Ejército respetando estrictamente el conducto regular. Durante diez años consecutivos solicité audiencias de manera insistente. Mis peticiones me llevaron a presentarme ante la Inspectoría de la 32.ª Brigada de Infantería en la ciudad de Trujillo y, posteriormente, a viajar desde Caraz hasta la capital para sustentar mi caso ante la Inspectoría instalada en el Fuerte "Rafael Hoyos Rubio", en el distrito del Rímac. Ya en el año 2007, logré que me concedieran una audiencia en el Comando Administrativo del Cuartel General del Ejército, en el distrito de San Borja. No obstante, en cada una de las unidades y Grandes Unidades de Combate, las inspectorías denegaron sistemáticamente mi petición. Los asesores jurídicos de estas instancias recurrentemente emitían dictámenes bajo el término legal de "IMPROCEDENTE".

Dentro de este agotador periplo de audiencias, guardo una amarga anécdota ocurrida el 20 de junio de 2001. En aquella fecha, el comandante de ingeniería Deny Paz Torres, jefe del Batallón de Ingeniería N.° 32 en Caraz, pretendió frenar mi reclamo increpándome con las siguientes palabras: "Audiencias pides por todo lado. Recuerda que el Coronel Francisco Bolognesi Cervantes, antes de morir en el Morro de Arica, le escribió a su señora esposa diciendo que su deber no tenía precio y que nunca pida nada por sus servicios. Sin embargo, tú pides que te reconozcan como Defensor de la Patria". Amparado en ese sesgado argumento patriótico, el oficial se negó a firmar y elevar mi Hoja de Audiencia. A pesar de este atropello, persistí en mis reclamos legales, aunque la respuesta institucional continuó siendo negativa.

Ante la total indolencia de las inspectorías del Ejército en todos sus niveles, decidí romper el cerco militar en el año 2001 y tocar las puertas de las instituciones civiles del Estado. Acudí de forma directa al Despacho Presidencial, al Congreso de la República, al Ministerio de Defensa y a la Defensoría del Pueblo. Fue precisamente gracias a las persistentes gestiones de la Defensoría del Pueblo que el Comando del Ejército se vio obligado a reconocer la legitimidad de mi demanda. En septiembre de 2007, tras soportar injustos castigos de arresto simple y constantes amenazas, el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas emitió la Resolución N.° 448 CCFFAA/D1-PERS, con fecha 10 de septiembre de 2007. En su artículo único, la norma resolvió: "Reconocer al SO1 MCE EP Pineda Ramírez Grimaldo Miguel como Defensor de la Patria en condición de vivo, por su participación en la Zona de Combate del Alto Cenepa". Debido a que el documento contenía múltiples errores materiales, interpuse un recurso para su rectificación total, logrando que el Comando Conjunto emitiera una segunda resolución corregida, la N° 328 CCFFAA/DAANN, el 21 de septiembre de 2012. Al término de diecisiete años de una desgastante batalla legal, el Estado peruano finalmente convalidó mi estatus de combatiente.

Este triunfo administrativo trajo consigo una dura represalia interna. Desde el año 2006, comencé a sufrir un severo hostigamiento laboral, sanciones de arresto simple y constantes cambios de colocación justificados bajo el pretexto de "necesidad de servicio". Fui rotado a diferentes dependencias dentro de la guarnición de Lima, y en el año 2013 fui destacado a la Primera Brigada de Fuerzas Especiales en Las Palmas (Chorrillos). Al continuar el acoso en dicha unidad, se dispuso mi traslado a la 4tª Brigada de Montaña en Puno, donde las condiciones de hostigamiento persistieron. Ante la sistemática acumulación de abusos contra mi integridad y dignidad profesional, me vi obligado a solicitar mi pase definitivo a la situación militar de retiro el 15 de julio de 2014.

Los motivos de mi firme reclamo no solo respondían a un derecho de honor, sino también a las secuelas físicas que me dejó el combate. El 13 de febrero de 1995, en la cota 1232 del Valle del Cenepa, durante los intensos enfrentamientos entre el Batallón Contrasubversivo N° 28 de Rioja y la Brigada de Fuerzas Especiales N° 9 "Patria" del Ecuador, sufrí una fractura en la mano izquierda y diversas heridas en el omóplato izquierdo producto de las esquirlas de granadas de mortero de 60 mm. Las detonaciones ocurrieron a escasos diez metros de mi posición, y la onda expansiva me ocasionó un trauma acústico severo en el oído derecho. Amparado en los artículos 22° y 24° del Decreto Supremo N° 009-DE-CCFA (Reglamento del Decreto Ley N° 19846) y en concordancia con el reglamento RE 10-47 de aptitud psicosomática del personal del Ejército, solicité formalmente una evaluación médica general. Sin embargo, el Comando de Salud del Ejército (COSALE) denegó reiteradamente mis peticiones, impidiendo que el Hospital Militar Central (HMC) emitiera el peritaje médico-legal indispensable para el reconocimiento de mi invalidez temporal o permanente. Como consecuencia de este bloqueo arbitrario, quedé privado de recibir las indemnizaciones que por derecho me correspondían según la Ley N° 26511, publicada el 23 de julio de 1995, y el Decreto Supremo N° 044-DE/SG del 26 de junio de 1997.

Los hechos demostraron que las inspectorías del Ejército del Perú, en todos sus niveles, carecen de la voluntad o la capacidad para salvaguardar los derechos fundamentales de su personal subalterno. Mientras estos órganos desestiman las causas justas de los combatientes, concentran sus funciones en resolver faltas menores, disputas cotidianas o problemas personales, problemas del callejón, los problemas de faldas. Su inoperancia histórica refleja una alarmante incapacidad para combatir la verdadera corrupción y las prácticas ilícitas dentro de la institución, flagelos en los cuales algunos oficiales del Servicio de Intendencia, en complicidad con ciertos oficiales generales, han estado directamente involucrados en actos de corrupción.


jueves, 11 de enero de 2018

COTA 1232 VALLE DEL ALTO CENEPA AMAZONAS LUGAR DONDE CASI PERDÍ LA VIDA 13 DE FEBRERO 1995

El día domingo 12 de febrero de 1995, siendo las 09:00 horas, era una mañana que bajo los rayos del sol las voces de mando de los superiores se escuchaban por todo lado, a lo lejos la nube que apenas cubría altivas montañas y colinas se alejaba, y el manto verde comenzó abrir el camino en las sinuosas trochas, momentos que en la cota 1274 conocido también como el "Helipuerto Tormenta" bajo el desgastado uniforme en el mundo interno de los soldados comenzó a escribirse la historia de valor y moral.

360 hombres del Batallón Contrasubversivo N° 28 de Rioja, formó con sus fusiles FAL muy anticuado, no hay armas nuevas por la dejadez e indiferencia de los políticos, aquel día no hubo rancho para nadie. La misión es entrar en combate contra las tropas invasoras de Ecuador de cantidad no precisado que se encuentran a la defensiva en la cota 1232 en el Valle del Cenepa. Siendo las 09:30 horas los hombres en punta comenzaron a bajar lentamente por una trocha muy angosta y sinuosa que nos presentaba todo tipo de obstáculos, nuestro destino fue la cota 1232 próximo a la Falsa Tiwinza, de acuerdo a la decisión tomada por el señor Teniente Coronel de infantería Julio Celestino Chaparro Beraun, la Companía "A" de 120 hombres al mando del capitán de caballería Luis Guillermo Gonzales Morales, que en aquellos tiempos lo conocíamos con el seudónimo "Rodrigo" se desplazó a la retaguardia de los hombre en punta; seguido por la Companía "C" de 120 hombres al  mando del Teniente de infantería Edwin Ramírez García conocido con el seudónimo "Marcelo" y cerró la columna la Companía "B" de 120 hombres (Reserva) al mando del capitán de seudónimo "Clavo" y teniente de Comunicaciones Javier Alba conocido como el "teniente Marte". Siendo las 16:20 horas en la referida cota nos emboscó el personal de la Brigada de Fuerzas Especiales N° 9 "Patria" de Ecuador, el combate duró 45 minutos, resultado de este enfrentamiento hubo seis soldados heridos por esquirlas de granadas de morteros. El personal ecuatoriano siempre se encontraba a la defensiva, bien camuflados bajo tierra dentro de la densa vegetación, aquella tarde en silencio dejaron pasar al personal peruano hasta que ingresaron al terreno dominado por ellos y cuando vieron que todo estaba a su favor atacaron al personal del capitán Luis Guillermo Gonzales, pero ante la reacción del personal peruano, las tropas ecuatorianas escaparon y abandonaron por completo la cota 1232.

Cuando se inició el combate, el personal de algunas patrullas de la Companía "C" corrieron hacia adelante para apoyar a la compañía “A”, mientras otros también corrieron hacia atrás replegándose a la parte alta, la companía "B" que se encontraba como la reserva al mando del capitán con seudónimo "Clavo" también permaneció atrás, no participó en el combate de aquella tarde porque el tipo de terreno no lo permitía, de esta manera las tres compañías se dividieron, dejando solo a la Primera Companía enganchado con el enemigo. Dentro de la densa vegetación de inmensos árboles es difícil observar más allá de 20 a 30 metros, hecho que no me permitió percatarme cuando el personal de tropa bajo mi comando había retrocedido, replegándose a la parte alta de mi retaguardia. Cuando escuché el primer disparo me quedé en el mismo sitio con dos soldados de la patrulla que me antecedía, dicho personal pertenecía a la Companía del capitán “Rodrigo”, los tres permanecimos en el mismo lugar en la posición de tirador tendido, en esas circunstancias detecté en el sector del lado Oeste de mi ubicación a una distancia de 150 metros aproximadamente, en una pendiente pronunciada cubierto de poca vegetación a dos hombres utilizando el camuflaje tipo Guillie o Yowie que es una prenda especial para camuflarse entre los árboles que normalmente es utilizado por franco tiradores de las Fuerzas Especiales, estos combatientes se movieron rápidamente de atrás hacia adelante, quienes se ubicaron detrás de dos árboles caídos de gran grosor cubierto de malezas de mediana altura, luego por las circunstancia del combate me descuidé de ellos. Los minutos avanzaban, el momento era muy tenso; más abajo, dentro del monte, se intensificó el combate, había disparos de fusiles, morteros y lanza cohetes RPG por todo lado; el sector donde permanecí en la posición de tirador tendido acompañado por dos soldados se mantuvo en total silencio, en ese momento sospechando de la presencia de posibles franco tiradores emboscados del enemigo decidí disparar en ráfaga a la ubicación de los hombres con camuflaje Guillie; pero de sorpresa, como si fuera un fantasma, por mi retaguardia apareció un individuo desconocido y se interpuso cogiéndome el hombro derecho, siento una mano por la espalda, quien me susurra cerca al oído, me dice: “no dispares hay que bajar para reforzar a Rodrigo”, en el acto volteo y el individuo no se deja ver la cara, su uniforme es como el mío, luego, corrió por la bajada, entre árboles, en cuestión de segundos como el viento desapareció por las inmediaciones del riachuelo, vestía el mismo uniforme de los soldados del Perú; no sé si fue un fantasma o una persona real, pero más pienso que fue el fantasma de los soldados por fallecer o de los fallecidos; los fantasmas existen, cuando tenía la edad de seis años se me presentó, durante el patrullaje en Urpay, Pataz también se me presentó en el año de 1993, estos seres en los tres casos me han salvado de la muerte.

Los combatientes con camuflaje Guillie que los detecté en mi flanco izquierdo (lado Oeste) habían sido dos francotiradores de las tropas de Ecuador, ellos también habían detectado mi presencia y de los soldados que se encontraban más abajo de mi ubicación; ergo, los ecuatorianos comenzaron a disparar en ráfagas a la ubicación nuestra, en ese momento las balas caían a centímetros de mi ubicación, levantaban tierra por todo lado y hacían pedazos a los troncos en las inmediaciones de mi posición, si no es por la protección del tronco grueso del árbol, con seguridad perdía la vida, ya no había tiempo para pensar; yo llevé un fusil FAL con dos cacerinas piezadas, ambos contenían 40 cartuchos, el fusil siempre la mantuve cargada con el selector de tiro en (R), la pasé a la posición (A); de igual modo le solté una ráfaga de 40 disparos, los dos soldados que estaban a unos metros más abajo también dispararon en ráfagas a ese mismo objetivo, el intercambio de disparos fue espectacular, jamás imaginé vivir esos momentos tan cruciales como aquella tarde. Después de intensos disparos en ráfaga de ambas fuerzas, entramos en silencio, circunstancias que decidí cambiar de abrigo (en termino militar, el abrigo es el terreno que te protege de la vista y del fuego enemigo); ergo, sintiéndome inseguro en el lugar donde me encontraba decidí salir hacia atrás para ubicarme detrás de un pequeño morro; corrí a dicho lugar, donde al sobrepasar un montículo caí en un pantano en forma de pozo profundo cubierto de pasto verde que me confundió por aparentar como si fuera un terreno firme y casi me oculta, me arrastré totalmente asustado y salí mojado cubierto de barro negro, así logré ubicarme entre el morro y un tronco grueso, allí me quedé muy pensativo y totalmente asustado, procedí a cambiar la cacerina, nuevamente disparé al mismo sector, pero esta vez solamente en la posición de tiro por tiro “R”, así permanecimos aproximadamente media hora, los tiros iban y venían para extinguirse a medida que pasaban los minutos. Al no tener respuesta a nuestros disparos, quedamos en completo silencio, los "monos" también permanecieron en total silencio, quién sabe tal vez murieron o simplemente ya no quisieron responder, por precaución permanecimos en el mismo lugar en completo silencio siempre en posición de tirador tendido. Mientras más al fondo el grueso de ambas fuerzas que habían mostrado la potencia de sus armas de fuego también comenzaron a disminuir los disparos, de los nuestros lo que más recuerdo es el tiro ensordecedor de los lanzacohetes ruso RPG, el impacto de las granadas de este arma sacudía todo el cerro produciendo un ruido fuerte que originaba inmenso eco entre los cerros circundantes cubierto de árboles. Estando aun en la posición de tirador tendido le pregunté a los dos soldados, diciendo: "¿Dónde está la gente?" uno de ellos me dijo: “Todos están abajo con el capitán Rodrigo”; por ende, en el acto nos levantamos y corrimos en bajada 200 metros de largo, ingresamos a un callejón (entre dos pequeñas elevaciones) por donde también baja un riachuelo, descendimos por un camino que ya no era trocha, este era un camino afirmado y antiguo por donde siempre habrían transitado las patrullas, en las inmediaciones habían inmensas piedras que nos ocultaban muy bien de la vista y del fuego enemigo, este riachuelo en bajada cada cierto tramo mostraba pozos profundos. Avanzando siempre por el mismo camino, en el trayecto encontramos prendas y granadas abandonadas que pertenecían a nuestras tropas, esparcidas en las inmediaciones, había mochilas con todo su contenido, gorras, pasamontañas, granadas de fusil y cacerinas, etc. Junto a un pozo, al pie de una piedra encontramos también prendas camufladas de un soldado ecuatoriano. Tanto las tropas peruanas como las ecuatorianas en el fragor del combate dejaron muchas prendas, partes del equipo, cacerinas y granadas.

Aquella tarde, finalizado el combate las tres Companías de fusileros del Batallón Contrasubversivo N° 28 de Rioja se dispersaron, quedamos totalmente divididos, la mayoría de las patrullas utilizando otra trocha habían retornado al PC ubicado en la cota 1274 "Helipuerto Tormenta", algunos quedaron perdidos en las inmediaciones del lugar donde ocurrió la emboscada; en esos momentos de peligro yo permanecí perdido acompañado por dos soldados que no eran de mi patrulla, todo era un silencio sepulcral, con ellos caminé dentro de la trocha pantanosa con dirección Norte un aproximado de 700 metros de distancia, solamente se veía inmensos árboles por todo lado, siempre en bajada ingresamos a un callejón barroso y logré ver un rio, este habría sido el río Cenepa, sin querer queriendo casi llegamos hasta la puerta del principal "fortín" de las tropas ecuatorianas; no medí el peligro y los dos soldados también calladitos me siguieron, nada me sugirieron, nos salvamos de la muerte o de ser tomados prisioneros de guerra; pero gracias a Dios reaccioné, en el acto dimos la media vuelta, procedimos a regresar por la misma trocha, en esas circunstancias cuando ya se oscurecía de casualidad levanté la mirada hacía mi flanco derecho y logré ver a un grupo de soldados, quienes con mucha dificultad subían por una pendiente barroso, viéndolos sentimos inmensa alegría, a ellos le reconocimos por el color del uniforme, pasamos el riachuelo y  procedimos a subir por el mismo lugar guiados por las huellas de botas de jebe de ellos, pues había mucho miedo a las minas antipersonal sembrado en la mayoría de las trochas por las tropas de Ecuador. Llegando a la parte alta le encontré sentado y muy preocupado al alférez de caballería Froilán Mesías Marino, conocido con el seudónimo “Zeus”, quien también se encontraba perdido con 13 hombres de su patrulla, me junté con él y aquella noche pernoctamos en la cota 1232, abandonado recientemente por las tropas del ejército enemigo, donde habían dejado trampas con granadas fabricado en Rusia en el año de 1977, es un artefacto que tiene la forma de una pequeña papaya verde, en el lugar también se halló latas de atún en cantidad y plásticos de galletas consumidos por las tropas de Ecuador.

El alférez Zeus, en el acto me preguntó "¿Diego, donde está la gente del capitán Rodrigo, donde está la gente del teniente Marcelo?”, mi respuesta fue: "Por seguir los pasos de la gente del capitán Rodrigo, guiado por las huellas de su patrulla también me he perdido, abajo hemos llegado cerca de un rio, presumo que será el río Cenepa y como no hay nadie optamos por regresar, gracias a Dios he logrado ubicarte, ahora por lo menos ya somos 17 combatientes", estábamos perdidos, sin medio de comunicaciones, sin rancho, sin medicamentos. Con este oficial de caballería novato laboré durante cinco (05) meses consecutivos, desde el mes de junio al mes de octubre de 1994 en la Base Contrasubversivo del distrito de Agua Blanca, provincia de "El Dorado", San Martín, varias veces habíamos patrullado juntos en el sector de Mina de Sal (cerro al sur del distrito de Agua Blanca), distrito de Rejis, San Francisco, Saposoa, Santa Rosa, Fausa Lamista, Fausa Sapina, Bellavista, Alto Saposoa, etc.

En la cota 1232, Valle del Cenepa, siendo las 19:30 horas la oscuridad era total, en esas circunstancias el alférez "Zeus" me ordenó para ubicar a la tropa en parejas a 50 metros a la redonda, a lo que me negué por la  intensa oscuridad, el oficial me dijo: "A mi déjame con dos hombres y con el resto vete hacía atrás", pues bien, no me moví para nada aduciendo que caminar en la noche en un terreno abandonado recientemente por el enemigo era muy peligroso, le dije: "no puedo arriesgar la vida de la tropa", concluí replicando su orden; entonces el oficial se quedó callado, quien después de algunos minutos de silencio se quedó dormido profundamente, en esos momentos yo cogí mi puñal y entre dos troncos de árboles de gran grosor abrí una zanja, tendí ramas y el plástico azul que me regaló una señora en el caserío de Imazita en Mesones Muro Amazonas el 7 de febrero de 1995, mi uniforme estaba totalmente húmeda, los borceguíes y las medias también, así me acomodé en la pequeña zanja, todos se quedaron dormidos; en las inmediaciones también la tropa comenzó a roncar; profundamente dormidos algunos soldados hablaban y otros gritaban por la constante pesadilla, a más de tres les escuché que gritaban dormidos casi toda la noche; mientras yo permanecí despierto casi toda la noche cavilando sobre mi vida, todo pasaba por mi mente, todos mis recuerdos desde mi niñez hasta esos instantes, como si fuera una serie de imágenes fotográficas, todo mi pasado se proyectaba con total claridad en mi cerebro, en esa noche pensé constantemente en mi hermano Augusto Epifanio que había desaparecido en el mes de setiembre de 1991 en el distrito de Congas, provincia de Ocros, en el departamento de Ancash; pensaba también en mis padres y hermanos, pensaba en el último baile en una de las discotecas de Yurimaguas el domingo 5 de febrero, al final reiteradas veces me pregunté en el silencio de la noche: "¿Qué hago en este lugar dónde mi vida peligra?, si bien es cierto que en ese momento como soldado tenía el deber y la obligación moral de defender la soberanía del Perú, pero como humano al verme perdido con pocos compañeros, sin rancho, sin medios de comunicaciones, sin medicamentos, creo que cualquiera no se sentiría feliz.

Aquella noche más que nunca pensé en Cristo y en mis difuntos; en la madrugada mediante el sueño presagié todo lo relacionado al combate del día lunes 13 de febrero. En la madrugada como a las 03:00 horas me quedé dormido profundamente, “soñé que me cubría una inmensa oscuridad partido por el medio por unos rayos de luz brillante, pero luego la oscuridad se alejaba lentamente y había más luz, veía al personal de Tropa transpirar aceite negro, mientras a mí me caían gotas de lluvia negra”. Siendo las seis de la mañana del inolvidable día 13, una mañana media nublada, me desperté muy asustado, me senté y me quedé pensando largo rato, ya sabía que algo malo nos sucedería en el transcurso del día, pero tenía la confianza que el peligro se superaría por gracia de Dios; con ese pensamiento puesto en la cabeza me puse de pie, con el mismo uniforme y sin rancho. Reinicie nuevamente la conversación con el alférez de caballería ¨Zeus¨, dando la iniciativa le dije: "Mi alférez, ayer el personal de la Compañía “C” al mando del teniente de infantería "Marcelo" se quedó arriba aproximadamente a 800 metros, voy a ir con un par de mensajeros para ubicarlos, enseguida retornamos"; pero este oficial se puso a pensar algunos segundos y me dijo: “No”, como oficial subalterno sin experiencia, sentía mucho miedo y además no tenía iniciativa para organizar al personal de tropa para actuar en este tipo de situaciones frente al enemigo.

En el mismo lugar, cota 1232, el día lunes 13 de febrero, siendo las 08:00 horas, una mañana nublada, reinaba el silencio, 17 combatientes estábamos perdidos en las profundidades del Valle del Cenepa; muy preocupados enviamos tres mensajeros para ubicar al personal de la Reserva, porque presumíamos que se encontraban en las faldas del cerro. Los mensajeros comenzaron a recorrer por el mismo camino que recorrimos en la tarde anterior, con la finalidad de encontrar al personal bajo el comando del teniente de infantería Ramírez García Edwin con seudónimo "Marcelo" y al personal de la Reserva, entre los mensajeros se encontraban los dos soldados que me acompañó en el combate del día anterior, mientras yo me quedé conversando con el alférez de caballería “Zeus”, narrando detalladamente los acontecimientos del día anterior, a manera de comentario le dije: "Ayer  el personal de la Compañía “C” bajaba por la trocha pero cuando comenzó el combate retrocedieron hacia la parte alta, deben permanecer cerca al lugar donde ayer me enfrenté a dos soldados ecuatorianos que posiblemente hayan sido francotiradores o vigías, ellos se encontraban cubiertos con camuflajes especiales Guillie o Yowie que es una prenda muy especial para camuflarse entre los árboles, este personal se movió rápidamente de atrás hacia adelante y nos dispararon intensamente ráfagas de ametralladoras, pero me parece que han muerto pues durante el intercambio de fusilerías se quedaron en silencio total, enseguida hemos bajado tratando de encontrar a las tropas del capitán Rodrigo, abajo cerca al riachuelo hay muchas prendas y granadas de nuestras tropas que están esparcidas en el camino, además hay una prenda camuflada, le dije ¿puedo enviar a un par de soldados para recoger todo?" a lo que el oficial me contestó: Dijo “no, puede haber minas”, así transcurría la mañana, ligeramente soleada, el oficial me decía: “Diego, la tropa de Ecuador está utilizando uniforme camuflado tipo selva y además esos dos soldados ecuatorianos con quienes te enfrentaste ayer seguramente han sido hombres vigía o francotiradores, ellos utilizan camuflajes especiales modelo Guillie para mimetizarse, has tenido la suerte de verlos, porque a estos no se les ve en el monte”. En ese momento yo sentía cierta desconfianza hacía este oficial muy novato, entre mí decía: ¨Como venganza en estas situaciones puede atentar contra mi persona, pues cuando estuvimos en la Base Contrasubversiva del distrito de Agua Blanca, provincia de "El Dorado", departamento de San Martín, hubo ciertos problemas con el narcotráfico¨, el Capitán Jefe de la Base, este alférez y un Técnico, habían caído ante la Inspectoría y Fiscalía por estar involucrados y coludidos con los narcotraficantes colombianos y peruanos, yo como testigo a los tres desleales les hundí.

Cuando nos encontrábamos en una amena conversación siendo las 10:20 horas, repentinamente aparecieron los tres mensajeros, solos y muy asustados, al verlos que se aproximaban sentí amargura, llegaron sudorosos; inmediatamente les dije: ¨¿Dónde está la gente?¨, se limitaron a decirme que no hay nadie, uno de ellos dijo: "Hemos subido hasta llegar a la pampa donde ayer descansamos y no hay nadie", esa respuesta me preocupó, el oficial también me miraba preocupado, pero yo con más tono enérgico, presumiendo que por miedo me estaban engañando, les dije:  "Ahora pediré cuatro voluntarios con el grado de sargento y ellos irán, estoy seguro que cumplirán la misión", así fue, pedí cuatro sargentos voluntarios, ellos inmediatamente dijeron: "¡Presente!, ¡presente!, ¡presente!¨, les envié dándoles las indicaciones precisas del caso, uno de ellos dijo: “Por esta loma se puede cortar el camino”, a lo que repliqué: ¨No, tiene que ser por abajo porque hay mejor abrigo y cubierta¨, entonces procedieron a bajar hacía el riachuelo para recorrer por el mismo camino. Al oficial ¨Zeus¨ le dije: ¨Mi alférez, creo que después del combate del día de ayer la mayoría de nuestro personal se ha replegado hacia el helipuerto ¨Tormenta” cota 1274 ¿ nosotros qué hacemos acá? tenemos que salir, no se descarta que los “monos” se reorganicen para volver con más fuerza a este mismo lugar donde por las granadas, latas de atún y plásticos de galletas que hemos encontrado son pruebas que ellos por varios días han permanecido en esta zona, con 17 hombres permanecer así es muy peligroso", a lo que el oficial me dijo: “Si los mensajeros nuevamente regresan con el resultado negativo, no hay vuelta que dar, tendré que ordenar la retirada por el mismo lugar que ingresamos”, obviamente había mucha angustia, entonces le dije al oficial: ¨Ahora el asunto es como salir, que tal si los ”monos” nos han cerrado la salida y usted dice una retirada por el mismo camino¨; todo eso discutíamos repetidas veces, cuando alguien de sorpresa dio gritos de: ¨¡Vienen!, ¡vienen!, ¡vienen! mi alférez¨, ante el aviso, rápidamente nos pusimos de pie presagiando de la presencia del enemigo; para suerte nuestra siendo las 11:00 horas aproximadamente, logramos ver a los primeros hombres de las diferentes patrullas que se habían agrupado bajo el comando del capitán de Artillería Luís Alberto Cruz Ruiz, conocido como el seudónimo "Joel", quienes lentamente bajaban en columnas con un efectivo de 69 combatientes reunidos de diferentes patrullas dispersos en la tarde anterior, al verlos sentimos inmensa alegría, ellos cruzaron el riachuelo, siendo uno los primeros en llegar fue el aludido capitán, quien recibió un saludo efusivo del alférez; la tropa también ocupó el mismo lugar donde nos encontrábamos, además llegaron el teniente de Infantería Marco Antonio Morán González, conocido como el seudónimo “Franco”, un alférez recién egresado de la Escuela Militar de Chorrillos de tez trigueña que le decían ¨El quijadón”, también llegaron los suboficiales Juan Torres Pascacio conocido como  “Mercurio”, suboficial Daniel Haro Cayetano, conocido como “Rodolfo”, suboficial Manuel Torres Castillo, conocido como  “Calin”, suboficial Rudiary Correa Córdova, conocido como  “Marco” y otros.

Siendo las 11:15 horas terminó de arribar todo el personal, todos permanecimos sentados al borde del acantilado cerca al riachuelo. Cuando nos juntamos con el personal que bajó con el capitán Cruz en ese grupo también llegó algunos soldados de mi patrulla que se había perdido el día anterior, uno de ellos fue el soldado "Cobra" quien me dijo, "mi suboficial, ayer en la tarde, cuando se inició el combate muchos nos replegamos al lugar donde descansamos, desde ese lugar observamos a muchos hombres con casco de acero y con uniforme camuflado, están detrás de esta loma, estaban cerca de nosotros, no le hemos disparado pensando que eran los Comandos del Ejército peruano". El personal con uniforme camuflado que había visto el soldado "Cobra", con certeza era la tropa del ejército ecuatoriano y se encontraban detrás del pequeño cerro del lado Este, se encontraban muy cerca de nuestra ubicación, con esta información le sugerí al capitán "Joel" para hacer un reconocimiento al cerro del lado Este, presumo que en esos momentos ellos habrían estado colocando sus morteros; desde el momento que ocupé la cota 1232 siempre tuve total desconfianza hacía el sector del cerro circundante del flaco derecho, les sugerí al capitán para hacer un disparo con el lanzacohetes RPG y con la MAG de igual modo no me hicieron caso. En completo desorden, confiados que los ecuatorianos se habían escapado con el rabo entre las piernas, reunidos los 86 combatientes de diferentes Companías y patrullas: 69 hombres del capitán "Joel", 14 hombres del alférez Zeus y 03 hombres de este su humilde servidor; permanecimos sentados en un terreno que había abandonado el enemigo, estábamos a la vista de todos, totalmente desprevenidos, inclusive hubo personal que se estaba quitando las prendas para darse un baño en el riachuelo, otros se encontraba descansando balo los troncos, en esas condiciones nos agarró el enemigo el 13 de febrero. 

El día lunes 13 de febrero en la cota 1232, siendo las 08:00 horas, una mañana nublada, reinaba el silencio, 17 combatientes sin rancho estábamos perdidos en las profundidades del Valle del Cenepa; muy preocupados enviamos a tres mensajeros para ubicar al personal de la Reserva, porque presumíamos que se encontraban en las faldas del cerro. Los tres mensajeros comenzaron a recorrer por el mismo camino que recorrimos en la tarde anterior, con la finalidad de encontrar al personal bajo el comando del teniente de infantería Ramírez García Edwin "Marcelo" y al personal de la Reserva, entre los mensajeros se encontraban los dos soldados que me acompañó en el combate del día anterior, mientras yo me quedé conversando con el alférez de caballería “Zeus”, narrando detalladamente los acontecimientos del día anterior, a manera de comentario le dije: "Ayer  el personal de la Compañía “C” bajaba por la trocha pero cuando comenzó el combate retrocedieron hacia la parte alta, deben permanecer cerca al lugar donde ayer me enfrenté a dos soldados ecuatorianos que posiblemente hayan sido francotiradores o vigías, ellos se encontraban cubiertos con camuflajes especiales Guillie o Yowie que es una prenda muy especial para camuflarse entre los árboles, este personal se movió rápidamente de atrás hacia adelante y nos dispararon intensamente ráfagas de ametralladoras, pero me parece que han muerto pues durante el intercambio de fusilerías se quedaron en silencio total, enseguida hemos bajado tratando de encontrar a las tropas del capitán Rodrigo, abajo cerca al riachuelo hay muchas prendas y granadas de nuestras tropas que están esparcidas en el camino, además hay una prenda camuflada, le dije ¿puedo enviar a un par de soldados para recoger todo?" a lo que el oficial me contestó: Dijo “no, puede haber minas”, así transcurría la mañana, ligeramente soleada, el oficial me decía: “Diego, la tropa de Ecuador está utilizando uniforme camuflado tipo selva y además esos dos soldados ecuatorianos con quienes te enfrentaste ayer seguramente han sido hombres vigía o francotiradores, ellos utilizan camuflajes especiales modelo Guillie para mimetizarse, has tenido la suerte de verlos, porque a estos no se les ve en el monte”. En ese momento yo sentía cierta desconfianza hacía este oficial muy novato, entre mí decía: "Como venganza en estas situaciones puede atentar contra mi persona, pues cuando estuvimos en la Base Contrasubversiva del distrito de Agua Blanca, provincia de "El Dorado", San Martín, hubo ciertos problemas con el narcotráfico¨, el Capitán Jefe de la Base, este alférez y un Técnico, habían caído ante la Inspectoría y Fiscalía por estar involucrados y coludidos con los narcotraficantes colombianos y peruanos, yo como testigo a los tres desleales les hundí.

Cuando nos encontrábamos en una amena conversación siendo las 10:20 horas, repentinamente aparecieron los tres mensajeros, solos y muy asustados, al verlos que se aproximaban sentí amargura, llegaron sudorosos; inmediatamente les dije: "¿Dónde está la gente?", se limitaron a decirme que no hay nadie, uno de ellos dijo: "Hemos subido hasta llegar a la pampa donde ayer descansamos y no hay nadie", esa respuesta me preocupó, el oficial también me miraba preocupado, pero yo con más tono enérgico, presumiendo que por miedo me estaban engañando, les dije:  "Ahora pediré cuatro voluntarios con el grado de sargento y ellos irán, estoy seguro que cumplirán la misión", así fue, pedí cuatro sargentos voluntarios, ellos inmediatamente dijeron: "¡Presente!, ¡presente!, ¡presente!¨, les envié dándoles las indicaciones precisas del caso, uno de ellos dijo: “Por esta loma se puede cortar el camino”, a lo que repliqué: "No, tiene que ser por abajo porque hay mejor abrigo y cubierta", entonces procedieron a bajar hacía el riachuelo para recorrer por el mismo camino. Aprovechando esos momentos al oficial "Zeus" le dije: "Mi alférez, creo que después del combate del día de ayer la mayoría de nuestro personal se ha replegado hacia el helipuerto ¨Tormenta” cota 1274 ¿ nosotros qué hacemos acá? tenemos que salir, no se descarta que los “monos” se reorganicen para volver con más fuerza a este mismo lugar donde por los medios probatorios que hemos encontrado como las granadas, latas de atún y plásticos de galletas, son pruebas que ellos por varios días han permanecido en esta zona; con 17 hombres permanecer así es muy peligroso", a lo que el oficial me dijo: “Si los mensajeros nuevamente regresan con el resultado negativo, no hay vuelta que dar, tendré que ordenar la retirada por el mismo lugar que ingresamos”, obviamente había mucha angustia, entonces le dije al oficial: ¨Ahora el asunto es como salir, que tal si los ”monos” nos han cerrado la salida y usted dice una retirada por el mismo camino¨; todo eso discutíamos repetidas veces, cuando alguien de sorpresa dio gritos de: ¨¡Vienen!, ¡vienen!, ¡vienen! mi alférez¨, ante el aviso, rápidamente nos pusimos de pie presagiando de la presencia del enemigo; para suerte nuestra siendo las 11:00 horas aproximadamente, logramos ver a los primeros hombres de las diferentes patrullas que se habían agrupado bajo el comando del capitán de Artillería Luís Alberto Cruz Ruiz, conocido como el seudónimo "Joel", quienes lentamente bajaban en columnas con un efectivo de 69 combatientes reunidos de diferentes patrullas dispersos en la tarde anterior, al verlos sentimos inmensa alegría, ellos cruzaron el riachuelo, siendo uno los primeros en llegar fue el aludido capitán, quien recibió un saludo efusivo del alférez; la tropa también ocupó el mismo lugar donde nos encontrábamos, además llegaron el teniente de Infantería Marco Antonio Morán González, conocido como el seudónimo “Franco”, un alférez recién egresado de la Escuela Militar de Chorrillos de tez trigueña que le decían ¨El quijadón”, también llegaron los suboficiales Juan Torres Pascacio conocido como  “Mercurio”, suboficial Daniel Haro Cayetano, conocido como “Rodolfo”, suboficial Manuel Torres Castillo, conocido como  “Calin”, suboficial Rudiary Correa Córdova, conocido como  “Marco” y otros.

Siendo las 11:15. horas terminó de arribar todo el personal, todos permanecimos sentados al borde del acantilado cerca al riachuelo. Cuando nos juntamos con el personal que bajó con el capitán Cruz en ese grupo también llegó algunos soldados de mi patrulla que se había perdido el día anterior, uno de ellos fue el soldado "Cobra" quien me dijo, "mi suboficial, ayer en la tarde, cuando se inició el combate muchos nos replegamos al lugar donde descansamos, desde ese lugar observamos a muchos hombres con casco de acero y con uniforme camuflado, están detrás de esta loma, estaban cerca de nosotros, no le hemos disparado pensando que eran los Comandos del Ejército peruano". El personal con uniforme camuflado que había visto el soldado "Cobra", con certeza era la tropa del ejército ecuatoriano y se encontraban detrás del pequeño cerro del lado Este, se encontraban muy cerca de nuestra ubicación, con esta información le sugerí al capitán "Joel" para hacer un reconocimiento al cerro del lado Este, antes que ellos ubiquen a sus fusileros y sus morteros de 60 mm. Desde el momento que ocupé la cota 1232 siempre tuve desconfianza hacía el sector del cerro circundante del flaco derecho, ante la negativa de hacer un reconocimiento, como otra alternativa le sugerí al capitán para hacer disparos con el lanzacohetes RPG y con la MAG de igual modo no me hizo caso. Todo el personal en completo desorden, confiados que los ecuatorianos se habían escapado con el rabo entre las piernas, reunidos los 86 combatientes de diferentes Companías y patrullas: 69 hombres del capitán "Joel", 14 hombres del alférez Zeus y 03 hombres de este su humilde servidor; permanecimos sentados en un terreno que había abandonado el enemigo, estábamos a la vista de todos, totalmente desprevenidos.

Finalizado la reunión cerca al acantilado, siendo las 11:40 horas, el capitán Cruz nos ordenó para ocupar el sector en forma circular, a mí me envió hacia el otro extremo, en esas circunstancias de tranquilidad le ordené al cabo SMO "Django" para que preparé el terreno cerca al acantilado para instalar el equipo de radio de Alta Frecuencia Thomson TRC 340, solo en Rad Sil, cuando estábamos en ese ajetreo de orientar la antena comenzó el ataque de las Tropas de Ecuador. Siendo las 11:45 horas en la parte alta del cerro del lado Este, dentro de inmensos árboles se escuchó el sonido característico de disparos de morteros de 60 mm., inmediatamente cayeron los primeros cuatro proyectiles a 12 metros del lugar donde me encontraba, así mismo las ráfagas de fusiles y ametralladoras comenzaron a salir de todas las direcciones, esto originó pánico total en todo el personal. El combate me sorprendió sin fusil y sin la mochila, en ese momento también lleno de pánico me arrinconé al pie de un árbol grueso que se hallaba cerca al acantilado, pero luego dije: "¿Qué hago aquí sin fusil?", entonces decidí correr hasta el otro extremo lugar donde estaba todo mi equipaje y el fusil FAL, mientras las balas del enemigo y de los nuestros cruzaban de un lado a otro, pero los inmensos árboles de todo tipo de grosor nos protegían con total eficacia de los disparos del armamento menor como los fusiles HK y ametralladoras con cartuchos de 5.56 de los ecuatorianos. En esas circunstancias de combate, rápidamente me coloqué la fornitura, la mochila, agarré mi fusil y corrí nuevamente al sector cerca al acantilado, al pie del mismo árbol me quedé parado bien adherido de espalda, pasaban los minutos me limité a mirar lo que sucedía en mis inmediaciones, no podía disparar a las posiciones del enemigo, en esas circunstancia me animé a voltear a la derecha y comencé a dar gritos hacía el cerro pensando que por confusión nos enfrentábamos con nuestras propias fuerzas con la gente del Mayor de Infantería Velit Sánchez Luís Enrique, conocido como el mayor “Wily”, dije: ¨ ¡Mayor Wily!, ¡Mayor Wily!, ¡Mayor Wily!,…somos del ejército peruano, no disparen somos del ejército peruano¨, repetidas veces grité, luego me di cuenta que estábamos siendo atacados por las tropas de Ecuador. Los fusiles ecuatorianos de calibre 5.56 mm emitían un sonido de baja intensidad en comparación con los fusiles peruanos FAL de calibre 7.62 mm, que es muy fuerte. Presumo que los soldados “monos” desde las tempranas horas nos habrían visto desprevenidos, con tiempo ubicaron y prepararon bien sus morteros, el tiro les salió perfecto, conocían perfectamente el empleo de los morteros de 60 mm, hasta ocho minutos antes del inicio de combate, todos habíamos permanecido sentados en el sector cerca al acantilado, justamente los morteristas ecuatorianos habían reglado sus tiros a este lugar, lo único que fallaron fue en la demora, porque sus disparos llegaron al mismo sitio, cuando ya nos habíamos dispersado, sino cuántas bajas nos hubiera causado, tal vez para la historia hubiera sido el lunes negro aquel 13 de febrero, de cuantos muertos hubiéramos hablado.

Siempre de pie y adherido de espalda al árbol grueso, observé a los oficiales que se encontraban tendidos en el suelo en el mismo lugar de siempre, sin equipo y sin armamento, no reaccionaron para nada; en el sector del acantilado había como quince hombres de tropa, ellos dentro del pánico disparaban sus fusiles sin disciplina de fuego al otro sector donde también estaba personal peruano, así en viceversa, no había quien dirija, todo fue un desorden total, los ecuatorianos nos había sorprendido totalmente desprevenidos por negligencia del capitán de artillería Cruz Ruiz, en esas circunstancias me acuerdo que me habían contado que algunas ametralladoras del ejército de Ecuador disparaban emitiendo un sonido tipo “canchita”, entonces al personal de tropa del sector donde me encontraba le ordené dar media vuelta y disparar hacía el cerro: ¨Allá están los “monos”¨- les dije- disparen, disparen¨, les grité, ellos así lo hicieron, dispararon todos en ráfaga, pero solo como acto intimidatorio porque a los "monos" no se les veía, estaban bajo tierra tapados con ramas de árboles, sacaban la cabeza disparaba y luego se ocultaban. Los cuatro morteristas del enemigo continuaron disparando al mismo lugar, fue incontable la cantidad de tiros que llegó al sector del acantilado, gracias a Dios el reglaje original no lo variaron para nada, en ángulo ni dirección, en cada explosión solo se veían inmensas llamaradas de fuego, las esquirlas de una de las granadas de morteros le sacó el hombro derecho y el antebrazo al Sargento 2do Inocente Vásquez, en la parte afectada se veía inmenso hueco y rápidamente comenzó a salir cantidad de sangre, así mortalmente herido caminó con dirección al riachuelo, ayudado por su fusil que le servía como un bastón, dos veces dio vivas al Perú y en seguida pedía perdón por todo lo hecho en su vida a su madre, dijo: “Por mi patria, por el Perú estoy aquí madrecita, perdóname por todo, perdóname, perdóname ¡viva el Perú!, ¡viva el Perú!", luego al ingresar dentro de unas malezas se cayó, pues sus piernas ya no tenían suficientes fuerzas, después de corto agonía expiro.

Viendo la cantidad de heridos que se incrementaba en el transcurso del combate y como no había reacción del personal de oficiales para revertir este mal momento, miré a todo lado buscando mejor abrigo que me permitiera disparar hacia el cerro del sector Este, por ende corrí en la  pendiente para ubicarme detrás de un árbol grueso que se encontraba tendido horizontalmente, en esas circunstancias en las inmediaciones cayeron cuatro granadas de morteros, las ondas de la explosión me hicieron volar hacia el acantilado dejándome sonámbulo; al ponerme de pie no recordaba nada, al recobrar los sentidos me di cuenta que mi fusil no lo había soltado para nada, en esa caída  la palanca de armar del fusil me fracturó el 5to metacarpiano de la mano izquierda, ingresando también una pequeña astilla de madera en el dorso de la misma mano. Me acomodé la mochila, sonámbulo procedí a subir para ubicarme nuevamente al pie del árbol grueso (ubicación inicial), en ese momento cayeron más granadas de morteros y sentí un golpe como si me hubiera impactado una pedrada en el omóplato (fue un golpe fuerte), luego sentí que me quemaba adentro a la altura de la tetilla izquierdo, el ardor fue tan fuerte, me desesperé, tres o cuatro veces revise mi pecho pero todo estaba bien, entonces coloqué mi mano derecha hacia el omóplato izquierdo llegando a tocar primero la sangre caliente que ya había sobrepasado mis talones, más arriba mi polo estaba roto en forma de zeta donde localicé un orificio grande por donde había ingresado esquirlas de granadas de morteros de 60 mm de diversos tamaños, si me hubiera impactado en la columna estaría invalido, si me hubiera impactado en la cabeza hubiera muerto, pero gracias a Dios solamente había perforado una zona blanda del omóplato, que en nada complicó mi curación. El árbol grueso como mudo testigo de dicho acontecimiento me cobijo aproximadamente una hora, cuando se silenciaron los fusiles, viendo que todo estaba perdido, bajé corriendo el acantilado para cruzar el riachuelo con la finalidad de realizar un contra ataque, en instantes cuatro soldado me siguieron, nuevamente la fusilería se intensificó en el sector, obligándome a correr hacia mi flanco izquierdo, salté a un pozo profundo, donde el agua me llegaba hasta la garganta, atrás mío también saltaron cuatro soldados, con ellos estuve metido en el pozo muy asustados y sangrando por un lapso de quince minutos; en esos momentos una bala impactó en una de las piedras que nos protegía, casi a medio metro y se desvió originando un "silbido", ese disparo aún más nos asustó, pensando estar rodeados por el enemigo, por instantes  a fin de no delatar mi grado en caso de caer prisionero de guerra intenté arrojar mi cámara fotográfica con su estuche, donde también tenía mil ochocientos nuevos soles (S/ 1,800.00), carnet de identidad personal (CIP), tres rollos con tomas fotográficas y pilas de repuesto, pero no lo hice, gracias a Dios los minutos pasaron y todo se normalizó. Cuando se terminó los disparos, procedimos a salir del pozo para reunir a todos los heridos que podían caminar; hallé entre los arbustos el cadáver del sargento 2do moyobambino de nacimiento Inocente Nicolás Vásquez Gonzales en posición de cubito ventral y con la cabeza con dirección al riachuelo, sus pies se encontraban enganchados entre las malezas, lo arrastré unos metros abajo a un lugar despejado donde lo dejé en posición horizontal boca arriba, le coloqué su fusil sobre su pecho; mientras me encontraba en estos ajetreos el personal de oficiales y suboficiales aún permanecían en sus cubiertas y abrigos en la posición de cuerpo a tierra, entonces procedí la retirada con todos los heridos presentes que en total sumaban 27, entre clases y soldados.

La mayoría de los heridos se encontraban bajo mi comando, logrando salir de la zona de peligro nuevamente pasamos por el mismo lugar donde me había enfrentado con los “monos con el camuflaje Guillie” en la tarde anterior, unos metros más arriba le encontré al Teniente de Infantería Edwin Ramírez García (Marcelo) y un suboficial enfermero, quien apenas tenía su bolsón de primeros auxilios con pocos medicamentos, el enfermero al ver a tantos heridos no supo ni que hacer, la tropa en su mayoría se quejaba de mucho dolor, solo unos cuantos recibieron atención de emergencia, en ese momento el teniente me dijo:  “Diego, ya estas jodido, como el más antiguo procede a sacar a todos los heridos con destino al PCA ubicado en el helipuerto Tormenta”, se contó  en total 27 heridos de Tropa los mismos que presentaban diversas heridas en el cuerpo por esquirlas de granadas de morteros, pero después los heridos se incrementaron aún más, inclusive el suboficial de 1ra enfermero militar Juan Torres Pascasio, conocido con el seudónimo de “Mercurio” había recibido un balazo en la pierna, a él lo sacaron con mucha dificultad; este suboficial actualmente se encuentra en el Cuerpo General de Inválidos del Ejército, (CGI).

Finalizado el combate a pesar del intenso dolor en mi axila izquierda y con el brazo totalmente “muerto”, en las inmediaciones del riachuelo reuní al personal de heridos que podían caminar, con ellos salí ayudándonos unos a otros. En la subida hemos “rampado”, de pozo en pozo para ocultarnos de la vista y fuego del enemigo, pero aun así los "monos" nos dispararon aproximadamente 10 minutos, a lo que el personal estando herido les respondió con decisión y valor; en si no sabíamos si la retirada era buena, pero nosotros seguíamos saliendo, en ese momento sentía un dolor intenso en mi axila izquierdo y todo mi brazo estaba como anestesiado, la sangre seguía saliendo, instantes que cuando padecía para subir de un pozo un soldado me dice "mi suboficial le ayudo con llevar su fusil", se la entregué, pero cuando llegamos al lugar donde estaba el teniente "Marcelo" me dice "mi suboficial me olvidé su fusil abajo", entre mi dije ¿ahora, que hago sin fusil?, yo no sabía dónde lo había dejado, cuando le dije para regresar los dos este soldado se armó de valor y me dijo: "Mi suboficial yo soy responsable y se fue corriendo y lo trajo, sin novedad", pero de todas maneras me asusté. Saliendo desde la zona de combate hasta el lugar donde se encontraba el teniente Edwin Ramírez García, es una ligera subida por donde baja un riachuelo que presenta pozos profundos de manera escalonado, en ese trayecto encontramos una camisa camuflada ensangrentada, un chaleco verde de buena calidad, una cinta de ametralladora de calibre 5.55 mm y otros objetos más abandonados por las tropas del ejército ecuatoriano; la tropa nuestra no lo desperdició, se lo llevaron como recuerdo, mientras yo no le di la debida importancia, el personal de tropa se lo llevó el chaleco, un poncho camuflado, la cinta de la ametralladora de pedazo en pedazo se repartieron. A mi retorno, estando en el Puesto de Vigilancia N° 1 al ver que algunos tenían sus recuerdos de Guerra, recién se me prendió el "foco", en ese momento entre mi dije, tengo que llevar algo como recuerdo; por ende, caminado entre la tropa por ahí conseguí un poncho de jebe camuflado, pequeña cinta de ametralladora de calibre 5.55, cuerdas y otros, ya estando en el cuartel "El Milagros" de la 5ta División de infantería de Selva en Bagua, viendo que un sargento del Batallón de Comandos "Comandante Espinar" N° 19 había traído un chaleco de la tropa de Ecuador, en ese momento después de observarlo detenidamente me lo acerqué y le dije "yo he dejado un chaleco idéntico en las inmediaciones del riachuelo en la cota 1232, lamento haberlo dejado, la que tienes vendérmelo para tenerlo como recuerdo", el sargento que se encontraba sin plata en el acto me lo vendió, ese chaleco lo tengo hasta la fecha. 

Por voluntario casi perdí la vida.- En la tarde del domingo 5 de febrero en las instalaciones de la Base Contrasubversiva del distrito de Yurimaguas, cuando organizaron las patrullas de combate de la Companía "C", el Técnico de 3ra OC Cornejo Cuelles Hildebrando, conocido con el seudónimo  “Hernando” aducía tener múltiples problemas familiares y con esos argumentos se negó participar en el conflicto con Ecuador, en ese momento yo me ofrecí como voluntario y lo reemplacé por obligación moral para no abandonar a la Tropa de la Base Contrasubversiva del distrito de Pelejo que en su totalidad estaban nombrados para ir al Valle del Cenepa, pero luego estando adentro “enganchado” con el enemigo lo lamenté mucho, sobre todo durante las noches, es decir me arrepentí de todo. El día 13 de febrero de 1995 casi perdí la vida.

martes, 26 de diciembre de 2017

TRASLADO DE HERIDOS Y ENFERMOS DESDE EL PUESTO DE VIGILANCIA N° 1 AMAZONAS FEBRERO 1995

Durante la Campaña militar del Alto Cenepa 1995, el día lunes 13 de febrero, en el Puesto de Vigilancia N° 1, provincia de Condorcanqui, departamento de Amazonas, siendo las 17:15 horas, la tarde se encontraba radiante de sol, así como dicen los de la Aviación del Ejército, el "techo se encontraba abierto"; por ende, decidieron trasladar a un grupo de heridos y enfermos con destino a la Base de Ciro Alegría, entre ellos estuvo este su humilde servidor, el sargento 2do “Jaguar” y el cabo “Tigrillo” quienes integraron mi patrulla durante los combates en la cota 1232 en el Valle del Cenepa. La nave empleado para dicho traslado fue un helicóptero Tuwin de la Fuerza Aérea del Perú, aquella tarde soleado me despedí del Puesto de Vigilancia Nº 1 para siempre, llegando al destino final que fue la Base Militar de Ciro Alegría, adonde arribamos siendo las 18 horas.

El día martes 14 de febrero, siendo las 13:30 horas, nos trasladaron en una avioneta de la Fuerza Aérea del Perú, desde la Base Militar de Ciro Alegría con destino al aeropuerto El Valor ubicado en el distrito de Bagua, en Amazonas; allí nos esperó una ambulancia del Instituto Peruano de Seguridad Social (IPSS) que nos trasladó rápidamente hasta el Cuartel "El Milagro" sede de la 5ta División de Infantería de Selva. 
Ingresando al cuartel la ambulancia se estacionó junto a la puerta del carpa de campaña del Instituto Peruano de  Seguridad Social (IPSS), donde bajaron los heridos y enfermos, ingresamos a una pequeña sala donde los médicos inmediatamente nos sometieron a un examen físico para la formulación de historia clínica del paciente, luego nos internaron a todos, donde recibimos tratamiento a cargo del el personal de médicos enviado desde la ciudad de Lima. 
Cuando me dieron de alta con fecha de 24 de febrero, comencé a ingresar al Policlínico Divisionario, donde observe a muchos heridos y enfermos, algunos descasaban en camarotes y otros en el suelo, en su mayoría había personal de tropa con diversas heridas afectados por esquirlas de granadas de morteros, muchos se encontraban con las piernas agusanados, cuando los médicos le habrían las heridas salia muchos gusanos desde las profundidades de la pantorrilla; a un lado bajo el techo de pequeña carpa había cinco soldados muertos que estaban con el uniforme puesto. In Situ con la ayuda de un suboficial enfermero pude verificar el libro de ingreso de heridos  y enfermos evacuados desde la zona de guerra, constatando según relación que habían recibido a 836 heridos afectados en su mayoría por las esquirlas de granadas de morteros, la mayoría de este personal recibió atención en el hospital de campaña del IPSS en cuartel "El Milagro" en el distrito de Bagua, departamento de Amazonas; y otros que habían sido afectados por las minas antipersonal por su gravedad fueron trasladados con destino al Hospital Militar Central  (HMC) con sede en la ciudad de Lima. 

En el Valle del Cenepa, existen los famosos mosquitos conocidos como la "manta blanca" que principalmente ataca a los soldados de procedencia serrano y costeño, ese es el nombre con que popularmente se le conoce al mosquito Lutzomyia, cuya picadura en el cuerpo del soldado provoca lesiones en la piel parecidas a una úlcera, estos mosquitos normalmente aparecen en grandes cantidades, circulan en el aire en forma de ceniza esparcida, son casi invisibles; la picadura, pasado alguna horas origina picazón que provoca rascarlos el cual produce lesiones en la piel del soldado en forma de úlceras redondeadas, que de no recibir tratamiento oportuno va aumentando de tamaño, la parte afectada que normalmente presenta un color medio morado se profundiza y se llena de gusanos, el tratamiento para combatir este tipo de males es de veinte días como mínimo con una ampolla que se coloca según el peso y estado físico del soldado.

Durante la Campaña Militar del Alto Cenepa, en el mes de febrero, muchos artistas y cómicos llegaron al Cuartel "El Milagro" con sede en Bagua, Amazonas para levantarle la moral a los combatientes, una de ellas fue la congresista Ivon Susy Diaz, quien estuvo ahí con todo su personal. 

El día lunes 20 de febrero de 1995, siendo las 13:00 horas, el cómico Carlos Álvarez y su personal visitó al personal de heridos y enfermos de diferentes batallones, trasladados desde la Zona de Guerra (PV N° 1 Amazonas), que se encontraban internados en el Policlínico Divisionario y bajo las carpas del Hospital de Campaña de Seguridad Social (IPSS). El cómico permaneció uniformado, se nos presentó también puesto el uniforme de campaña del Ejército. En aquellos tiempos los médicos del Instituto peruano de Seguridad Social (IPSS) se trasladaron desde la ciudad de Lima, instalado sus carpas por motivos de Guerra  en el Cuartel "El Milagro" de Bagua, lugar donde permanecí internado desde el 14 hasta el 24 de febrero de 1995, cuya papeleta de internamiento y alta fue  firmado por el capitán médico Carlos Smith Verastegui.

Soy uno de los testigos del último conflicto entre Perú y Ecuador, con participación directa en los combates en la cota 1232, Valle del Alto Cenepa, los días 12 y 13 de febrero, como comandante de una de las patrullas de la Companía "C" del Batallón Contrasubversivo N° 28 de Rioja. Como consecuencia de estos enfrentamiento llevo un recuerdo muy especial en mi cuerpo, una fractura en el V metacarpiano de la mano izquierda, cicatriz retráctil de cinco centímetros en el dorso de la mano izquierda, cicatrices en el omóplato izquierdo, trauma acústico severo en mi oído derecho, originados por las explosiones, ondas expansivas y esquirlas de granadas de morteros. No se borran pese a los años que van pasando.





viernes, 15 de diciembre de 2017

CAMPAÑA MILITAR DEL ALTO CENEPA 1995 / ECUADOR "FUE POR LANA Y VOLVIERON TRASQUILADOS"

El arquitecto Fernando Belaunde Terry, presidente del Perú, desde (28 de julio de 1980 – 28 de julio de 1985)En los primeros meses del año de 1981, la tropas de ecuador invadieron el territorio peruano y  como consecuencia se produce el conflicto del “Falso Paquisha”, en la zona de la Cordillera del Cóndor, en el departamento de Amazonas.

Durante el primer semestre del año 1982, la Fuerza Aérea peruana participa con sus aviones de combate MIRAGE F5 en apoyo a la república de Argentina en la Guerra de las Malvinas; por ende, habiendo quedado disminuido la capacidad operativa y disuasiva de la Fuerza Aérea del Perú, el presidente Belaunde tomó la decisión de comprar en Francia 26 aviones MIRAGE 2000. 


Para el presidente peruano la iniciativa no fue casual ni demagógica ni menos un gasto inútil, porque en el primer mes del segundo gobierno suyo, vivió la experiencia del falso Paquisha, en la que las tropas ecuatorianas invadieron territorio amazónico peruano en la Cordillera del Cóndor, y el Perú se vio obligado a desalojarlos mediante el valeroso concurso de las tropas del Ejército y bombardeos de la Fuerza Aérea del Perú. 


El arquitecto Fernando Belaunde, previendo que la invasión según su criterio se podría repetirse en mayor escala; por ende, manda comprar 26 aviones Mirage 2000 a las empresas francesas Aviones Marcel Dassault, Thomson CSF y Snecma al precio de 650 millones de dólares, pues no se equivocó, porque años después, exactamente en el año 1995 hubo otra invasión mayor en la misma zona de la frontera nororiental sobre la cabecera del río Cenepa.

El doctor Alan García Pérez, al asumir la presidencia de la República el 28 de julio de 1985, se presentó como un adalid de la paz al anunciar que el Perú solo iba a adquirir 12 aviones Mirage 2000 de los 26 que el gobierno de Fernando Belaúnde Terry había comprado mediante los contratos denominados Júpiter I y Júpiter II, al respecto el presidente aprista dijo lo siguiente: “Anuncio a los pueblos del mundo nuestra decisión de reducir sustancialmente las compras de material bélico, comenzando por el recorte del número de aviones Mirage 2000, cuya compra actualmente está en trámite”, mencionó con solemnidad ante la atenta mirada de todos los asistentes, este anuncio arranco el aplauso unánime de los asistentes a la ceremonia en el congreso de la República, entre quienes se encontraban presidentes, ex presidentes y numerosas personalidades de América Latina y el mundo, entre los invitados al acto de juramentación en el hemiciclo se encontraba también un dilecto amigo del flamante presidente, Abdul Rahman El Assir, traficante de armas de origen libanés. En ese momento todos los invitados estaban lejos de imaginar que detrás del anuncio, donde también se expresó una falsa preocupación por las necesidades del pueblo, se escondía uno de los más escandalosos negociados de nuestra historia republicana. El gobernante aprista durante su primer mandato (28 de julio de 1985 – 28 de julio de 1990) redujo a su mínima expresión los presupuestos del sector Defensa y como consecuencia el material bélico quedó totalmente en desuso por falta de repuestos y mantenimiento, principalmente los tanques y los aviones de combate.

El 28 de julio de 1990, asume la presidencia del Perú el ingeniero Alberto Kenya Fujimori Fujimori, y recibe la información que las tropas de Ecuador se encontraban dentro del territorio peruano; pero las FFAA no estaban en condiciones como para afrontar una Guerra con el vecino país del norte, la Fuerza Aérea se encontraba con aviones obsoletos e inoperativos en su mayoría. Además el Ejército y la Marina de Guerra no se encontraban en condiciones como para afrontar con éxito una Guerra total por todos los frentes, es ahí que el “chino” Fujimori recorre los principales cuarteles y se encuentra con la triste realidad, por la inoperatividad y obsolencia de los vehículos de combate, en especial los Tanques de origen Ruso T-55, además los vehículos de apoyo de combate y material de comunicaciones de alta frecuencia "HF", muy alta frecuencia "VHF", centrales telefónicas y teléfonos de campaña. Desde el año 1990 aproximadamente, las tropas ecuatorianas se encontraban en el Valle del Cenepa, dentro del territorio peruano delimitado no demarcado, en la zona nor oriental de la Cordillera del Cóndor, provincia de Condorcanqui, departamento de Amazonas. 

En 1991, Ecuador instaló el puesto de vigilancia Teniente Hugo Ortiz, frente al puesto de vigilancia Pachacútec, en territorio peruano. El Puesto de vigilancia Teniente Ortiz se desplazó 9 kilómetros hacia adelante desde su ubicación original, en esta oportunidad toda la infiltración ecuatoriana en nuestro territorio se ejecutó ante la mirada pasiva del personal militar peruano acantonado en el Puesto de Vigilancia N° 1, y con el "visto bueno" temporal de los altos mandos y del gobierno de turno, como para dilatar el tiempo ante la pobreza de la FFAA. 

El presidente Alberto kenya Fujimori Fujimori, en esta oportunidad intentó tomar una decisión distinta que sus antecesores y para tal fin nombra al canciller Torres y Torres Lara para la negociación pacífica y como es de conocimiento público se llegó al famoso "Pacto de Caballeros" con el ministro ecuatoriano Diego Cordobés, aceptando la permanencia del puesto de vigilancia Teniente Hugo Ortiz dentro del territorio peruano, más aun, aceptando la permanencia de las tropas del norte en las zonas de falso Tiwinza cota 1061, por ende las tropas de ambos países vivieron casi hermanados por la cercanía de sus puestos, jugaban fulbito, se prestaban provisiones, había intercambio de prostitutas, etc.

Como la capacidad de la FFAA no garantizaba una victoria, por ende el presidente Alberto kenya Fujimori Fujimori, tomó directamente en sus manos la política exterior, viajó varias veces a Ecuador con la finalidad de hacer un arreglo pacífico, pero las suplicas del "chino" ante su homólogo ecuatoriano no dio resultados y la única solución para desalojar al invasor ecuatoriano del territorio peruano fue mediante las armas; ergo, una vez más nos sorprendió la Guerra totalmente desprevenidos en todos los aspectos, los aviones MIRAGE 2000, considerados como los mejores, era puro cascaron, no tenía sensores, radares ni sistemas misilisticos de largo ni mediano alcance, el crucero almirante Grau también se encontraba en total obsolencia, pero así lo trasladaron y lo cuadraron en la zona del Salto en Tumbes, según los marinos de esa época, con quienes llegué a conversar, los cañones de este crucero ningunos disparaba, lo llevaron solo para engañar al enemigo; en cuanto al Ejército, principalmente los batallones contrasubversivos del Frente Huallaga departamento de San Martín y Huánuco se desplazaron a la zona de Guerra, pésimamente mal uniformados, casi harapientos, portando los viejos fusiles FAL modelo 1958 repotenciados y algunos fusiles FAL modelo 1969, ametralladoras MAG, lanzacohetes RPG 7V y otros, adquiridos en 1970 durante el gobierno del General Juan Velasco Alvarado, no hubo morteros de 120 ni 80 milímetros y los oficiales morteristas se encontraban desactualizados, no hubo GPS ni brújulas, el Batallón de Comandos “Comandante Espinar” N° 19 y el Batallón de paracaidistas N° 61 de la Primera Brigada de Fuerzas Especiales, utilizaron fusiles Galil de calibre 5.56 mm, la Companía Especial N° 115 de Tarapoto, el Batallón de Infantería Motorizado "Iquique" N° 31 de Cañete, batallones de Huancayo, batallones de la 5ta División de Infantería de Selva y otros, casi todos combatieron con los fusiles FAL de calibre 7.62 mm. 

Para las Operaciones Militares del Alto Cenepa 1995 los ecuatorianos se habían preparado durante 14 años, es decir desde el fracaso del conflicto del falso Paquisha en 1981. Compraron armamentos de última tecnología para equipar bien a sus Fuerzas Armadas y luego invadieron el territorio peruano, tomando posesión en el Valle de Cenepa, adoptaron una buena posición defensiva, utilizando para tal fin la doble toponimia para engañar a sus connacionales y la opinión internacional. La tropa de Ecuador siempre nos esperó en sus trincheras, minaron trochas, colocando a sus observadores avanzados OA trepados en la copa de los árboles, pero ante la arremetida de nuestra gloriosa infantería siempre daban pasos hacía atrás; por ende abandonaron sus posiciones día tras día; abandonaron el sector la "Y", la Cueva de los Tayos, Base Sur, Base Norte, el Helipuerto Tormenta, etc, deberían reconocer que ante la gloriosa Infantería peruana no pudieron y volvieron a perder; ellos nos derribaron nueve (09) naves, entre aviones y helicópteros, nos causaron 90 muertos y 836 heridos, toda la perdida material y humano que sufrimos no se puede ocultar, todo es cierto, pero donde se decide y se consolida la victoria es en la tierra firme, ahí los del norte se escaparon con el rabo entre las piernas, claro que si pelearon, pero escapando.

La falsa Tiwinza (cota 1061) era el último foco de la resistencia de las tropas ecuatorianas, donde las tropas de ambos países libraron cruentos combates, los peruanos con la misión de recuperarlos y los ecuatorianos con la obligación de mantenerlos bajo su control. Engañados por sus gobernantes y altos mandos de las Fuerzas Armadas, los combatientes ecuatorianas creían que defendían lo suyo, ergo lo defendieron hasta la llegada de la Misión de Observadores Militares de los países garantes, quienes de acuerdo al protocolo del Río de Janeiro firmado en Brasil el 29 de enero de 1942, obligó a los invasores a desocupar el territorio peruano, dicho sector a la fecha está bajo la soberanía del Perú. Los ecuatorianos por ahí dicen que el falso Tiwinza jamás lo abandonaron, es cierto, pero en el mismo lugar, es decir en la cota 1061 el día miércoles 22 de febrero de 1995 nuestras fuerzas atacaron dicho sector por diferentes flancos, como consecuencia del combate el enemigo sufrió muchas bajas, hubo muchos muertos y heridos, reconocido por el gobierno ecuatoriano como el "miércoles negro" como prueba de ello ahí han quedado sepultados sus muertos para siempre.  

Desde que regresé de las Operaciones Militares del Alto Cenepa, muchos comentarios escuché de lo que ocurrió en el Valle del Alto Cenepa, al respecto los ecuatorianos se consideran vencedores, también los peruanos celebramos el triunfo cada 22 de febrero. Con fecha 26 de octubre de 1998, se suscribió el tratado de Itamaraty, suscrito por el dictador y a la vez traidor a la patria, Alberto Kenya Fujimori Fujimori, dejándonos tres puñaladas en el corazón de nuestra Amazonía, dos en Loreto (Pijuayal y Saramiriza), y uno en el departamento de Amazonas (Tiwinza). Después de este tratado la delimitación definitiva quedó así como se observa en el mapa;  ergo, los dimes y diretes de los combatientes, altos mandos y gobernantes de Ecuador simplemente han sido para engañar a sus connacionales de la falsa victoria que ellos también lo celebran. En nuestro país algunos periodistas como Jaime Bayly Letts, Rosa María Palacios, Milagros Leyva y otros cuestionan el triunfo de las fuerzas peruanas, otros dicen que solamente empatamos. En la Campaña Militar del Alto Cenepa 1995, los ecuatorianos fueron derrotados militarmente y diplomáticamente, como dice el refrán, "fueron por lana  y volvieron trasquilados". Por ende, desde el año de 1995, me prometí no leer ni un solo libro más de las “memorias” peruanas, ni ecuatorianas ¿Por qué? simplemente asumí que lo escribieron oficiales y periodistas que estuvieron muy lejos de las trincheras, solamente basados en los reportes de algunas personas y en lo que la gente dice sus comentarios que podría ser falsa o ciertas, no lo sé. Obviamente, luego de una guerra o conflicto, las partes involucradas tienen que orientar sus esfuerzos a “maquilar” sus errores y explicar sus acciones con los resultados que pueden ser verídicos o falsos, por ende tanto Perú como Ecuador hicieron uso y aplicación de esta tradicional forma de evaluar una guerra que por desconocimiento de muchos y el silencio de otros no se dice la verdad hasta el día de hoy, pero este su humilde servidor en mi condición de veterano de esta Campaña Militar, reafirmo que Perú le derrotó a Ecuador militarmente, es cierto que los ecuatorianos nos derribaron nueve (9) naves entre aviones y helicópteros, un (01) bombardero Camberra, dos (02) cazabombarderos sukhoi su 22, un (01 avión subsónico A37, un (01) helicóptero MI 25, tres (03) helicópteros MI 8 y un (01) helicóptero Twin Bell. Así mismo murieron en combate personal de Oficiales, Técnicos, Suboficiales y Tropa, 83 efectivos del Ejército y 07 de la Fuerza Aérea del Perú, en total sufrimos 90 muertos y 836 heridos de los cuales existen 66 discapacitados con invalidez permanente que forma parte del CGI.

Aún no se me ha borrado de la mente todo lo que miré y sentí durante las Operaciones Militares en el Alto Cenepa; lo frondoso de la vegetación, la densa neblina que oscurecía y entristecía el cielo, las trochas con olor a muertos, la humedad, el camino  pantanoso, el ataque silencioso de la manta blanca, el disparo incesante de la artillería ecuatoriana durante todo el día y gran parte de la noche a manera de “manotazo de ahogado”, el miedo a las minas sembradas a discreción en todas las trochas por los ecuatorianos y los errores que cometimos por exceso de confianza, así como esa reacción de todo el personal ante las emboscadas, hoy todo lo que pasé, me hace volver a vivir como si estaría allí nuevamente, me hace recordar y sentirme orgulloso de ser un soldado patriota, de haber contribuido con mi sangre para lograr la ansiada paz esperado por siglos. Cómo olvidar la muerte del sargento 2do EP Inocente Nicolás Vásquez Gonzales de seudónimo “Lechuza” aquel 13 de febrero entre la espesura de la densa vegetación, durante el combate contra el personal de la Brigada de Fuerzas Especiales N° 9 “Patria” de Ecuador, cómo olvidar a nuestros prisioneros, cómo olvidar a más de 35 heridos del Batallón Contrasubversivo N° 28 de Rioja. 

Las acciones del Alto Cenepa, siempre fueron sacrificadas para las tropas  peruanas por lo agreste del terreno, la falta de suministros (rancho, agua, medicinas, uniformes), la carencia de un poder de fuego de infantería acorde con la doctrina y como tal, la imposibilidad de batir frontalmente a las posiciones de la artillería enemiga, ubicada en las partes altas de los puestos de vigilancia como: Coangos, Cóndor Mirador, Banderas, etc. sin embargo ante todo tipo de carencias lo que mas nos sobró fue valor y moral para vencer y vencimos, respetando la decisión del gobierno de turno no se avanzó más allá de las líneas de la frontera.