AUDIO ALTO CENEPA 1995

martes, 25 de noviembre de 2014

BATALLÓN CONTRASUBVERSIVO N° 28 RIOJA SAN MARTÍN EN LA "YE" 9 DE FEBRERO ALTO CENEPA 1995

Bautismo de Lodo y Acero en la "Y" del Cenepa.- El jueves 9 de febrero de 1995, las sombras de la tarde caían pesadas sobre el grueso del Batallón Contrasubversivo N° 28 de Rioja, San Martín. Tras extenuantes jornadas de marcha, la unidad alcanzó el sector conocido como la "Y". Estábamos dentro del ámbito territorial de la provincia de Condorcanqui, en el departamento de Amazonas. Aquel punto estratégico acababa de ser recuperado. Las tropas invasoras de Ecuador habían sido expulsadas tras el inicio de las operaciones militares. Entre los soldados corría el rumor de que en las inmediaciones yacían las tumbas de tres combatientes enemigos. El repliegue ecuatoriano dejaba al descubierto su gran estrategia propagandística: la doble toponimia. Sus Fuerzas Armadas y su clase política habían creado dos lugares con el mismo nombre. El original estaba en su territorio; el falso, sembrado en suelo peruano. Con esta falacia, al ser desalojados por nuestras armas, engañaban a sus connacionales y a la prensa internacional, afirmando falsamente que sus posiciones continuaban intactas.

Aquel atardecer en la frontera era gris y profundamente triste. Los árboles colosales que nos rodeaban parecían observarnos desde la espesura con un silencio hostil. Daba la impresión de que rechazaban la presencia de nuestras botas por violar sus secretos milenarios. La oscuridad avanzó con prisa, escoltada por la implacable dureza de la naturaleza. La "Y" se transformó en el testigo mudo de los sentimientos encontrados de cientos de soldados del Perú. Estábamos sin rancho y mal equipados. Bajo un cielo negro cargado de tormentosos nubarrones y lluvia, nos dispusimos a pernoctar en un suelo completamente pantanoso. El uniforme drill kaki —nuestro icónico "parchis"— ya se encontraba empapado y cubierto por una densa capa de barro.

Permanecimos dos noches en ese infierno húmedo, soportando condiciones climáticas y meteorológicas extremadamente adversas. Las horas transcurrían lentas. Nuestra mente no dejaba de pensar en los invasores que aún pisaban el territorio nacional. Para sobrevivir al frío que calaba los huesos, arrancamos hojas de los árboles para improvisar una delgada cama sobre el fango. Esas hojarascas, sumadas al poncho de jebe y al plástico que nos habían regalado los patriotas del Centro Poblado Mayor de Imazita en Mesones Muro, fueron nuestra única defensa contra la llovizna implacable y el suelo hirviente de humedad.

En esta geografía de selva alta, situada entre los 1,800 y 2,000 metros sobre el nivel del mar, el bosque es un enemigo silencioso. Cuando los nubarrones cubren el cielo, la luz desaparece por completo bajo el espeso follaje. El crepúsculo se anticipa a mitad de la tarde, sumiendo todo en una boca de lobo. Estas condiciones meteorológicas tan hostiles golpeaban con crueldad el espíritu y el cuerpo del soldado costeño y serrano. Sin embargo, en medio del barro y la penumbra, el orgullo y el deber nos mantuvieron firmes sobre la línea de fuego.

La Impotencia y la Tragedia en la "Y"

El 10 de febrero de 1995 amaneció parcialmente nublado en la selva del Cenepa. Seguíamos detenidos en el mismo sector, refugiados bajo la sombra de árboles gigantescos. El ambiente era sofocante, cargado de una intensa humedad y de un hedor descompuesto que emanaba de la naturaleza misma. El hambre ya golpeaba con fuerza. Al no haber rancho ni suministros, algunos soldados intentaron saciar el estómago devorando los pocos caramelos que les quedaban del día anterior.

A las 11:15 horas, el silencio del bosque se interrumpió con una escena desgarradora. Apareció un grupo de combatientes del Batallón de Comandos «comandante Espinar» Nº 19, unidad de élite con sede en Las Palmas, Lima. Cargaban una camilla improvisada con el cadáver de un compañero de armas, avanzando penosamente con rumbo al Puesto de Vigilancia Nº 1. Verlos pasar desnudaba con crudeza la histórica precariedad del Ejército del Perú: no había camillas reglamentarias, y los soldados que transportaban al difunto estaban harapientos y caminaban descalzos. Aquella penosa estampa demostraba que, a las puertas del siglo XXI, el soldado peruano seguía luchando en las mismas condiciones misérrimas de la Guerra con Chile de 1879. Era imposible no sentir indignación ante semejante injusticia frente a los hijos de la patria; jóvenes provenientes todos de la extrema pobreza. En el Perú, lamentablemente, parece que se debe ser pobre para vestir el uniforme y poner el pecho por la nación.

Apenas quince minutos después, a las 11:30 horas, el silbido de la muerte llegó desde el cielo. La Fuerza Aérea de Ecuador inició un feroz ataque contra la posición de la «Y». En ese sector, nuestras tropas carecían por completo de defensa antiaérea. Ante la absoluta inferioridad táctica frente a los aviones enemigos, no quedaba más que refugiarse. Dominados por el miedo a las bombas, la gran mayoría de los hombres se arrinconó al pie de los troncos más gruesos y se encomendó a Dios Todopoderoso. Las explosiones retumbaban con una violencia ensordecedora en las inmediaciones, sumiendo a muchos en una profunda desesperación.

Sin embargo, cuando el estruendo de los motores se alejaba y pasaba el susto, el indomable ingenio del soldado peruano salía a flote. De inmediato, alguien encendía la «chispa» habitual para romper la tensión. Entre bromas y anécdotas, las horas pasaban más rápido. El blanco predilecto de las burlas y murmuraciones del jolgorio era el capitán de infantería Luis Fernández Dávila Valdivia, conocido bajo el seudónimo de capitán «Óscar». Los técnicos y suboficiales comentaban entre risas y susurros:

—«¿Y el capitán Óscar? De repente ya se escapó... ¡Qué cobarde, ¿no?!»

Los oficiales, guardando una aparente lealtad a su compañero de rango, escuchaban los comentarios y preferían hacerse los desentendidos. De pronto, uno de los sargentos reenganchados tomó la palabra con seguridad:

—«El capitán Óscar está por allá, soterrado y rodeado de sus hombres de seguridad. No ha salido de su hueco para nada».

Aquellas palabras eran una verdad incuestionable. El capitán «Óscar» permaneció en todo momento oculto en trincheras techadas con troncos, parapetado tras sus guardaespaldas y completamente alejado del grueso del Batallón. Demostró ser un oficial que solo servía para cobrar un sueldo al final del mes. Su falta de valor se confirmaría poco tiempo después, cuando abandonó a sus hombres a su suerte y desertó de las filas en la cota 1274, la posición conocida por todos como el «Helipuerto Tormenta».

La Subida en el Fango con destino a la Cota 1274

El sábado 11 de febrero de 1995, la naturaleza nos dio una breve tregua con una mañana ligeramente soleada y un cielo despejado. A las 10:30 horas, abandonamos finalmente el sector de la «Y». Las tres compañías de fusileros iniciamos un lento y penoso ascenso con destino a la cota 1274, una posición bautizada con el nombre de «Helipuerto Tormenta». El camino era un infierno empinado, plagado de curvas estrechas, lodo espeso y huecos que se abrían entre inmensas rocas, obligándonos a un desplazamiento sumamente lento, agotador y peligroso por la presencia de las fuerzas ecuatorianas que se encontraban camufladas.

Cada trescientos o cuatrocientas metros de subida, la columna se detenía. Era obligatorio hacer un alto táctico para el conteo del personal de adelante hacia atrás. Fue en una de esas paradas donde la realidad del mando quedó al descubierto: el capitán de infantería Luis Fernández Dávila Valdivia, el capitán «Óscar», jefe de la Compañía «C», no encabezaba la columna de sus hombres en marcha. Al contrario, subía rezagado, prácticamente cerrando la columna como el último hombre de toda la columna del batallón. Aquel oficial del arma de infantería ya se había acobardado por completo. Caminaba desmoralizado y con la fija intención de huir de la zona de guerra. Al final, logró su cometido: tras coronar el Helipuerto Tormenta en la tarde del 14 de febrero, aprovechó la primera oportunidad para escapar y abandonar su puesto. A pesar de esta vergonzosa deserción, el destino y la burocracia militar permitieron que, irónicamente, hoy también figure en los registros como un veterano combatiente del Alto Cenepa.

Desplazarse por la selva en una campaña militar del frente externo es una tarea titánica, pero jamás imposible para el combatiente peruano. En ese escenario, los riesgos naturales y humanos confluyen en un peligro constante que no da tregua en ningún lugar ni circunstancia. De un lado, los obstáculos de la geografía: la densa vegetación que permanece sepultada bajo la neblina, los árboles colosales, la estrechez de las trochas, el paso de ríos caudalosos, los pantanos traicioneros y la lluvia que nunca cesa. Del otro lado, la amenaza humana: las emboscadas invisibles, los bombardeos de aviación y el fuego destructor de los lanzadores múltiples BM 21 de las fuerzas ecuatorianas.

Incluso durante los altos en la marcha o en las horas de descanso nocturno, la tregua no existía. El bosque enviaba a sus propios guardianes: hormigas feroces y nubes de «manta blanca», un mosquito implacable cuyo ataque constante se ensañaba principalmente con los soldados de la costa y de la sierra, minando su moral y desgastando su capacidad combativa.

CAMPAÑA MILITAR DEL ALTO CENEPA 1995 : LAS DONACIONES QUE RECIBIO EL EJÉRCITO SE MALOGRÓ

La Sorpresa del «japonés» Fujimori en los Almacenes de la 5ta DIS Bagua 1995

A finales de febrero de 1995, mientras el fragor del combate continuaba en las cotas del Cenepa, la retaguardia en el Cuartel «El Milagro» —sede de la 5ta División de Infantería de Selva en Bagua, Amazonas— vivía su propia y vergonzosa realidad. Al recinto llegaban toneladas de donaciones enviadas por el pueblo peruano: camiones repletos de sacos de papa que terminaban pudriéndose a la intemperie cerca de la guardia de prevención, montañas de ropa de todo tipo, zapatos, zapatillas y doce mil panetones donados por la firma D'Onofrio. Sin embargo, toda esa ayuda permanecía injustamente bajo llave en los depósitos del Servicio de Intendencia. Como testigo directo del frente, puedo afirmar que el abastecimiento de alimentos (el rancho) para el personal enganchado en combate directo con el enemigo fue desastroso. El sistema de intendencia fracasó rotundamente.

La crisis alimentaria llegó a oídos del propio presidente Alberto Kenya Fujimori Fujimori cuando visitó la primera línea en el sector de la «Y». Allí, la tropa, debilitada por el hambre, le transmitió sus quejas directas por la escasez de rancho. Indignado por la situación, el «Chino» retornó de inmediato desde el frente y urdió una audaz estrategia para fiscalizar la retaguardia. Ingresó de incógnito al cuartel «El Milagro» oculto dentro de una ambulancia que entró por el sector de la Compañía «Tigre». Nadie en la instalación se percató de su llegada hasta que fue demasiado tarde.

Al bajarse del vehículo, el mandatario ordenó abrir de inmediato todos los almacenes del cuartel. En ese instante, el caos se apoderó del recinto. Observé a los oficiales de servicio correr desesperados de un lado a otro. El comandante jefe de Cuartel y varios oficiales superiores llegaron pálidos y asustados ante la presencia del presidente. Me apersoné al lugar para observar la escena y vi cómo abrieron un almacén que se encontraba repleto de cajas, hasta el techo, con los panetones D'Onofrio.

—«¿Y esto?»— inquirió Fujimori con evidente indignación.

Sin perder el tiempo, siendo aproximadamente las 13:00 horas, ordenó que todo ese cargamento fuera enviado de inmediato en helicóptero hacia el Puesto de Vigilancia Nº 1 Amazonas para alimentar a los combatientes.

Como el ingreso presidencial por la puerta lateral tomó por sorpresa a todo el servicio del cuartel, los altos mandos buscaron un chivo expiatorio para lavarse las manos. La cuerda, como siempre en la vida militar, se rompió por el lado más débil: el único sancionado con ocho días de arresto simple fue un Suboficial de Primera de la banda de música militar, quien en ese momento cumplía funciones como Oficial de Guardia.

En el acto los panetones fueron trasladados en helicópteros con destino al Puesto de Vigilancia N° 1 ubicado en el distrito Cenepa, donde repartieron a la tropa hambrienta. 

"HELIPUERTO TORMENTA" COTA 1274 AMAZONAS CAMPAÑA MILITAR DEL ALTO CENEPA FEBRERO 1995

El sábado 11 de febrero de 1995, durante la Campaña Militar del Alto Cenepa, alrededor de las quince horas y bajo un sol radiante de cielo despejado, llegué a la cota 1274 como integrante de la Compañía "C" del Batallón Contrasubversivo N° 28 de Rioja, San Martín. Aquel lugar, conocido por nosotros como el "Helipuerto Tormenta", había sido bautizado por los ecuatorianos como la Base Norte.

Nuestro batallón, compuesto en su mayoría por personal de tropa oriundo de la selva, se había desplazado desde su sede en Rioja para sumarse al teatro de operaciones. Al arribar a la cota 1274, nos ubicamos a continuación del flanco izquierdo del Batallón Contrasubversivo N° 314, procedente de Huánuco. Recuerdo que fue una tarde hermosa, calurosa y sumamente apacible; la densa vegetación descansaba como un manto verde sobre las altas cumbres, abrazada por los rayos del sol. En las quebradas, casi inmóvil, se posaba una espesa neblina blanca que transmitía una profunda sensación de paz. En ese momento sentí una total tranquilidad interior; me senté y luego me recosté, orientando la mirada hacia la cima del Puesto de Vigilancia Coangos de Ecuador. Saqué el aparato óptico (binocular) y pude observar su bandera flamear con total calma, mientras algunos soldados caminaban a su alrededor.

En ese instante, una serie de interrogantes comenzaron a rondar por mi cabeza: ¿Por qué no se bombardeaba aquel puesto de vigilancia enemigo? Coangos se situaba en plena cresta de la Cordillera del Cóndor, en la cota 1666, justo en la línea fronteriza, posición desde la cual dominaban a la perfección todo el Valle del Cenepa. Ecuador poseía una ventaja estratégica innegable en el terreno y, por consiguiente, en el emplazamiento de armas de largo alcance, como sus lanzadores múltiples BM-21 de cuarenta bocas, morteros y artillería de todo tipo.

Casi la totalidad de los combatientes peruanos pasamos por este cerro, pues su cima era el punto neurálgico para controlar visualmente el valle. Durante las horas que permanecí en el Helipuerto Tormenta, analizando fríamente la situación, empecé a cuestionar severamente a los generales del Ejército y a los políticos de turno. Los altos mandos no adoptaron una buena estrategia ni mostraron previsión: carecíamos de una defensa antiaérea eficiente de corto, mediano o largo alcance, lo que permitía que los aviones ecuatorianos se pasearan como Pedro por su casa. Tampoco se emplearon adecuadamente los morteros de 120 mm y de 81 mm. En su totalidad, nuestros morteristas eran oficiales subalternos con los grados de capitán, teniente y subteniente que hacía muchos años habían dejado de lado el entrenamiento con esta arma fundamental para la guerra convencional. Debido a que los batallones de infantería se encontraban sumergidos exclusivamente en operaciones contrasubversivas a nivel nacional, los morteros quedaron relegados en los almacenes; la mayoría de sus granadas y cargas propulsoras se hallaban en pésimo estado. Por su parte, los obuses Oto Melara instalados en el sector del Puesto de Vigilancia N° 1 disparaban hacia cualquier dirección, menos hacia los objetivos reales.

Al día siguiente, el domingo 12 de febrero a las seis de la mañana, aparecieron cuatro aviones de combate de la Fuerza Aérea del Perú. Volaban a baja altura, protegidos por los accidentes geográficos para evitar ser detectados por los radares enemigos. Pasaron por el sector del Puesto de Vigilancia N° 1, la zona de la «Ye» y Cueva de los Tayos. Primero divisamos, a mayor altitud, a un Mirage 2000; un kilómetro más atrás y en una posición más baja, le seguían tres aviones Sukhoi Su-22. Sus motores no emitían el estruendo característico de las maniobras en tiempos de paz; fue una incursión casi silenciosa en la que solo se distinguían las luces rojas intermitentes en la parte posterior de los fuselajes. Las naves desaparecieron entre las cumbres y, a los pocos segundos, se escucharon las potentes detonaciones de las bombas que habían lanzado. Posteriormente, retornaron por la misma ruta manteniendo sus luces encendidas y, recién al cruzar sobre el Puesto de Vigilancia N° 1, los pilotos encendieron los postquemadores, emitiendo el rugido propio de los cazas de combate. 

Aquella mañana, muchos combatientes contemplamos el accionar de nuestros pilotos desde la cima del Helipuerto Tormenta. Tras el ataque, nos quedamos pensativos, aguardando la inmediata respuesta de la Fuerza Aérea de Ecuador. Para fortuna nuestra, aquella réplica nunca llegó.

 

BATALLÓN CONTRASUBVERSIVO N° 28 DE RIOJA EN LA COTA 1232 / 12 DE FEBRERO ALTO CENEPA 1995

Durante la Campaña Militar del Alto Cenepa 1995, el día domingo 12 de Febrero, siendo las 09:00 horas, una mañana soleado con cielo despejado, en el PCA (Puesto de Comando Avanzado) del Batallón Contrasubversivo N° 28, ubicado en el Helipuerto Tormenta, cota 1274, bautizado por los ecuatorianos como la Base Norte, ubicado en el sector nor oriental de la Cordillera del Cóndor, Amazonas, se organizó tres companías de fusileros para ingresar al combate contra las tropas invasores del ejército ecuatoriano. 

El señor teniente coronel de Infantería Julio Celestino Chaparro Beraún, conocido con el seudónimo "Alfonso" Comandante de batallón, organizó tres compañías de fusileros para ingresar a la zona de combate en la cota 1232, ubicado en el Valle del Cenepa, con la misión de expulsar a las tropa invasoras de Ecuador de cantidad no precisada que se encontraban atrincherados a la defensiva dentro de la densa vegetación.

Ingresó a la cabeza de toda la columna como hombre en punta, el teniente de comunicaciones (comando) Américo Ramírez Almanza y tres hombres de Tropa Servicio Militar Obligatorio, antes del inicio del desplazamiento, al mencionado oficial subalterno, el comandante Julio Chaparro le brindó palabras de elogio por ser comando y por haber sido nombrado para iniciar la marcha, así le levantó la moral. A continuación la Compañía “A” de fusileros de 120 hombres al mando del Capitán de Caballería Luís Guillermo Gonzales Morales, conocido como el capitán “Rodrigo” comenzó a bajar desde el Helipuerto Tormenta con destino a la cota 1232, bajamos por una angosta trocha sinuosa que en el trayecto nos presentaba diversos tipos de obstáculos propios del terreno de la Selva. A continuación, se desplazó la compañía “C” al mando del teniente de Infantería Edwin Ramírez García, conocido como el teniente “Marcelo” y un poco retrasado se desplazó la reserva al mando de un capitán que tenía el seudónimo de “clavo” y el teniente de comunicaciones (comando) Manuel Barnard Javier Alva, conocido como el teniente “Marte¨.

Cada companía de fusileros contaba con 120 combatientes, conformado en su totalidad por personal de Oficiales con grado de capitán, tenientes, subtenientes, suboficiales y Tropa SMO, todos pésimamente mal uniformados, sin casco, sin chaleco, con fornituras y cananas en hilachas, armados con los viejos fusiles automático ligero (FAL) modelo 1958 repotenciados y fusiles FAL modelo 1969, ametralladoras MAG, fabricados en Bélgica, y lanzacohetes RPG de origen Ruso. Armas adquiridas durante el gobierno del General Juan Velasco.

La mina anti personal sembrado a discreción por las patrullas ecuatorianas en las trochas dentro del territorio peruano invadido, estaba causando muchos muertos y heridos en las filas peruanas, por ende ya no se podía utilizar ese tipo de caminos para el desplazamiento de las patrullas, pero en la vida del soldado peruano transitar o atravesar la selva abriendo nuevas trochas es un trabajo normal, porque esto puede ocurrir solamente en lugares desconocidos y deshabitados como en estas zonas del Valle del Cenepa, donde los combatientes han transitado venciendo todo los riesgos y peligros, donde también el riesgo de extraviarse del personal y de las patrullas era constante por no tener puntos definidos de orientación, por la falta de cartas actualizadas, brújulas y GPS, así con todos los riesgos del caso descendimos lentamente atravesando pantanos, huecos, acantilados y todo tipo de obstáculos; hasta que en las horas de la tarde nos encontramos con los ecuatorianos, donde combatimos hasta el anochecer. Las baterías de la artillería ecuatoriana desde tempranas horas disparaban en todas las direcciones, sin rumbo ni objetivo específico, es por eso que no nos causó ningún daño, pero por la magnitud y cantidad de disparos, el ruido y las constantes explosiones siempre originan pánico y desesperación en el combatiente. Los disparos de la artillería BM-21 de 40 bocas duraron casi todo el día; los tiros de los lanzadores múltiples venían desde los  Puestos de Vigilancia Coangos, Cóndor Mirador y Banderas.

PUESTO DE VIGILANCIA N° 1 AMAZONAS PERÚ ATACADO POR LA ARTILLERÍA DE ECUADOR FEBRERO 1995

Fuego de Diana de artillería ecuatoriana que despertó a los peruanos en el PV N° 1 en Amazonas.- El jueves 9 de febrero de 1995, la mañana en el Puesto de Vigilancia N° 1 —el legendario «Soldado Pastor» en Condorcanqui, Amazonas— amaneció fría y parcialmente nublada. A las 06:00 horas, la calma en la base era absoluta. El grueso del personal, conformado por oficiales, técnicos, suboficiales y jóvenes de la tropa del Servicio Militar Obligatorio de diferentes batallones, rompía el letargo. Muchos de los que habían pernoctado bajo casuchas improvisadas o a la intemperie en las orillas del río Cenepa ya se bañaban en sus aguas cristalinas; otros apenas se levantaban y algunos más continuaban durmiendo. Yo caminaba descalzo hacia la corriente, con mis útiles de aseo en la mano, disfrutando de aquella aparente quietud.

De pronto, un estruendo lejano rasgó el aire. Pocos segundos después, el suelo tembló cuando seis proyectiles de lanzadores múltiples BM-21 de Ecuador impactaron con violencia en las faldas del cerro este. El ataque provenía posiblemente de los puestos enemigos de Coangos, Banderas o Cóndor Mirador, situados a unos veinticinco kilómetros de distancia. El pánico se apoderó de todos. La tensión ya flotaba en el ambiente desde la tarde anterior, cuando tres aviones de combate del vecino país del norte sobrevolaron el PV N° 1, entrando y saliendo «como Pedro por su casa» debido a que nuestras fuerzas carecían de una defensa antiaérea eficiente.

Los proyectiles de los sistemas de cuarenta bocas estallaron a unos quinientos metros de nuestra posición. La densa vegetación de la selva alta se convirtió en nuestra mejor aliada al neutralizar por completo el impacto de las esquirlas; solo percibimos la feroz sacudida de la onda expansiva y vimos las columnas de humo blanco emerger desde la espesura. El enemigo repitió la descarga sobre el mismo punto en tres ocasiones consecutivas. De esa forma tan cruda, los ecuatorianos nos dieron una inesperada «diana» para despertar a todo el personal.

Nuestra salvación fue la geografía. El PV N° 1 se encontraba enclavado en medio de dos elevaciones, y el cerro del lado oeste actuaba como un escudo natural cuya altitud impedía que los disparos de tiro directo alcanzaran la parte baja. Las granadas estallaban únicamente en la falda del cerro este, pero el estruendo fue tan pavoroso que desató un caos absoluto. Desesperados, los soldados se arrojaron al río con la intención de cruzarlo para guarecerse al pie de la montaña opuesta. Corrimos desarmados y sin equipos. Como la gran mayoría estábamos sin zapatos, las piedras del lecho nos hacían resbalar y caer a cada paso.

Avanzamos hasta la mitad del cauce y allí nos quedamos parados, vulnerables. En ese instante crítico, un oficial comenzó a gritar con desesperación:

—«¡Nos han reglado!, ¡nos han reglado!, ¡nos han reglado!... ¡Ahora los tiros vienen a este lugar!»

Escuchar que el enemigo supuestamente había corregido su puntería multiplicó el terror de la tropa. Fue ahí, con el agua que sobrepasaba el ombligo y el corazón acelerado, donde recién comencé a sentir la verdadera realidad de una guerra; comprendí que aquello no era un juego. Sin embargo, los ecuatorianos fallaron. Sus lanzadores múltiples, disparados a ciegas desde veinticinco kilómetros y sin la guía en el terreno de un Observador Avanzado (OA), resultaron ineficaces. Cabe preguntarse cuántos miles de granadas habrán desperdiciado, pues desde mi llegada a la zona de combate la artillería enemiga disparaba día y noche sin cesar. Así se mantuvo aquel hostigamiento continuo desde el 8 de febrero hasta el día 13, fecha en la que finalmente me retiré del Puesto de Vigilancia Nº 1 pues me encontraba considerado como baja en combate.

CONCLUSIONES DE LA CAMPAÑA MILITAR DEL ALTO CENEPA 1995

Las Operaciones Militares en el Alto Cenepa 1995 fue dirigido por el Jefe del Sistema de Defensa Nacional, el señor Presidente de la República, apoyado por el Comandante General del Ejército y Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas.

Las Operaciones Militares se llevaron a cabo en el período de condiciones meteorológicas totalmente desfavorable para ambas fuerzas.

El Jefe del Sistema de Defensa Nacional de Perú no innovó su estrategia empleado en las Operaciones militares del año 1,981, como consecuencia al inicio de las operaciones perdimos varias naves por el acertado accionar de las baterías antiaérea de Ecuador.

No funcionó el Sistema de Inteligencia Nacional para alertar de las sofisticadas armas antiaéreas de Ecuador instaladas en todo el Valle del Cenepa del Alto Cenepa, en este caso Vladimiro Montesinos Torres no acertó para nada, a largo del gobierno de Fujimori este delincuente se dedicó a robar y chismosear la vida de los políticos opositores.

Los ineptos que condujeron las operaciones desde sus escritorios se justifican de mil maneras con argumentos como: se combatió en terreno en todo orden desfavorable, que Ecuador tuvo la ventaja por equipamiento y mejores armas, y no reconocen la imprevisión de siempre donde los responsables son la clase política por la obsolencia del material de guerra que en su totalidad han sido adquiridos en la época de 1970.

No contamos con defensa antiaérea de corto alcance, mediano alcance, de largo alcance. No contamos con artillería pesada, morteros de 120 mm y morteros de 80 mm como para realizar un ablandamiento en la zonas de a falsa "Tiwinza", Maizal y otros, sacrificando al personal de la Infantería. Los obuses Otomelara que lo instalaron en las inmediaciones del Puesto de Vigilancia N° 1 disparó sin rumbo especifico, no acertaron ni uno.

Los ineptos del Sistema de Defensa Nacional como parte de la estrategia no permitieron atacar a los Puestos de Vigilancia ecuatorianos como: Coangos, Cóndor Mirador y Banderas, donde el personal ecuatoriano permanecía con total tranquilidad, izaba su pabellón nacional en las mañanas y las arriaban en las tardes. Presumo que no hubo orden para destruir al enemigo más allá de las líneas de frontera, solamente nos limitamos a expulsarlos del territorio invadido. La llegada de los observadores militares de los países garantes les salvó a los ecuatorianos cuanto estos resistían ya desmoralizados en la cota 1061 "Falsa Tiwinza", sobre todo después del miércoles negro.

Los ecuatorianos nunca abandonaron las zonas del falso Tiwinza, ni el miércoles negro del 22 de febrero amilanó su moral, en dicho sector resistieron hasta el último instante, les salvó la intervención de los cuatro países garantes. Nuestras tropas pese a su ímpetu y capacidad guerrera acepto la retirada por la decisión política del presidente Alberto Kenya Fujimori.

Por primera vez en la historia militar, un país “vencedor” declara un “alto el fuego unilateral” cuando la tropa enemiga aún permanecía dentro de nuestras fronteras, este error fue una decisión del presidente de la república Alberto Kenya Fujimori.

En la Campaña Militar del Alto Cenepa 1995, Perú perdió nueve (9) naves, entre aviones de combate y helicópteros. Sólo 3 naves perdimos en la Campaña Militar de 1941 y un helicóptero en el conflicto de la Cordillera del Cóndor en 1981. 

En la Campaña Militar del Alto Cenepa 1995 los muertos peruanos llegan a 90 y hubo más de 836 heridos por efectos de esquirlas de granadas de morteros de 60 mm y minas antipersonal, entre ellos muchos quedaron con discapacidad temporal y permanente.

Si los ecuatorianos no se quedaron en la Cueva de los Tayos, La "Y", Base Sur, Base Norte, etc; sobre todo fue por la cobardía de sus combatientes, cuanto entró al escenario de guerra nuestra gloriosa infantería conformado por jóvenes oficiales, suboficiales y tropa SMO, los ecuatorianos con los rabos entre las piernas cedieron terreno día tras día, pese a contar con armamentos de última tecnología.  

Con mejor estrategia y decisión política estoy seguro que nuestras tropas sobrepasaban las líneas de la frontera para capturar principalmente a los Puestos de Vigilancia del enemigo, lugares donde se encontraban sus lanzadores múltiples BM-21 de 40 bocas. El presidente de la república don Alberto Kenya Fujimori es el responsables del kilómetro de territorio cedido a Ecuador en la zona de Tiwinza, provincia de Condorcanqui, departamento de Amazonas.


El gobierno corrupto del ingeniero Alberto Fujimori y los Altos Mandos de las FFAA, después de las Operaciones Militares del Alto Cenepa ignoró por completo al personal combatiente, la calificación para ser reconocidos como Defensores de la Patria y Combatientes, se llevó a cabo en total desorden y muchos errores, hubo oportunistas que sin conocer siquiera la sede de la 5ta División de Infantería de Selva “El Milagro” en Bagua, estaban bien calificados, mientras muchos que participamos en combate directo con riesgo de nuestras vidas teníamos que realizar largos trámites burocráticos en el Ejército. 

DOCTOR ALAN GARCÍA PÉREZ LADRÓN CORRUPTO Y TRAIDOR PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DEL PERÚ

El segundo gobierno del seudo demócrata ladrón y corrupto Alan García Pérez, viene a ser el tercer piso del gobierno Fujimontesinismo, este gobierno quedará para la posteridad como uno más del aprismo, no es pues lo que hemos esperado, sigue siendo un gobierno corrupto y corruptor, ahí está vigente el caso de Garrido Lecca, Petro Audios, los faenones, el baguazo, colegios y escuelas emblemáticas, coima de la empresa brasileña Odebrecht, la venta de 14 aviones Mirage 2000, abandono a las Fuerzas Armadas, etc. Hoy los compañeros están en su festín por todo lado. Este gobierno pro chileno ha tenido tres Ministros de Defensa que han sido una vergüenza para el país. 

El gordo Antero Flores Araos, ignorante y omiso al servicio militar, como ministro de defensa más se dedicó de manera obstinada intentando vender una parte del Cuartel General del Ejército “pentagonito” y otros cuarteles del Ejército, a precio de regalo cumplió con vender cuarteles en Arequipa, cuartel San Martín, cuartel la Pólvora y otros; la infraestructura de la gran mayoría de los cuarteles están en mal estado, todos estos inmuebles es de la época del gobierno de Odría y Velasco. Este infeliz no hizo nada bueno para mejorar los sueldos del personal de su sector. 

El Ingeniero Industrial Rafael Rey Rey, es otro ignorante y omiso al Servicio Militar que está perdido en el asunto del sector Defensa, este individuo se encontraba más obstinado para dar solución a los casos de píldoras del día siguiente y el aborto, etc. 

El último Ministro de Defensa el doctor Jaime Thorne León, cumpliendo la orden del doctor Alan García Pérez, con fecha 22 de junio del 2011, firmó el Decreto Supremo N° 254 – 2011 - DE, por ende con fecha 2 de julio del 2011, se realizó la exhumación de restos mortales del más grande traidor a la Patria el General Miguel Iglesias Pino de Arce, quien desde el 9 de noviembre de 1909, había permaneció en un sarcófago familiar en el Cementerio Presbítero Maestro. Con fecha 4 de julio se realizó la inhumación en el tercer nivel de la Cripta de los Héroes de la Guerra con Chile, desde ese día el gran traidor, gracias al gobierno aprista descansa junto a los restos del Almirante Miguel Grau Seminario, restos del Coronel Francisco Bolognesi Cervantes, restos del Mariscal Andrés Avelino Cáceres Dorregaray, restos mortales de Leoncio Prado Gutierrez, restos mortales de Alfonso Ugarte y muchos héroes más que ofrendaron su vida durante la Guerra con Chile. 

LA COTA 1232 VALLE DEL ALTO CENEPA AMAZONAS FINALIZADO EL COMBTAE DEL 13 DE FEBRERO DE 1995

El 12 y 13 de febrero de 1995, en la cota 1232 en el Valle del Cenepa, el sargento “Jaguar” y el cabo “Tigrillo” pertenecientes a la Base Contrasubversivo del distrito de Huimbayoc, fueron mis compañeros durante los combates contra las tropas invasoras de Ecuador, ellos presentaban diversas heridas de consideración por efectos de esquirlas de granada de morteros de 60 mm.

El 13 de febrero, en horas de la tarde, durante el repliegue llegamos a las orillas del rio Cenepa,  el sargento 2do “Jaguar” y el cabo “Tigrillo”, están en la presente imagen, estamos cansados y hambrientos, después de cruzar el caudaloso río caminamos dentro de la trocha barrosa, nos dirigíamos al Puesto de Vigilancia N° 1, en esas circunstancias en esa trocha pantanosa nos encontramos con 60 reservistas, quienes se desplazaban con destino a la zona denominado la “Y”. Los reservistas trasladaban a la espalda cajas conteniendo raciones de campaña, municiones y granadas. De este grupo uno de ellos me reconoció y gritando de emoción se me acercó acompañado por dos reservistas, quien me dijo lo siguiente: “Mi Suboficial Pineda, que gusto de verlo por aquí, usted siempre ha sido uno de los buenos y guerrero, yo serví bajo su comando en la compañía Comando y Servicios del Batallón de Infantería Motorizado “Iquique” Nº 31 de la 8va División de Infantería con sede en el distrito de Lobitos, provincia de Talara, por eso le admiro”, efusivamente trató de abrazarme pero al darse cuenta de mis heridas solamente se limitó a darme la mano, luego comenzó hablar de mi perro dóberman que tenía el nombre “cuto” que lo adopté en el distrito de Lobitos, en ese momento a manera de broma me dacia: “Hubieras traído al “cuto” mi suboficial, su perro a mordiscones le haría correr a todos los “monos”; a los demás reservistas que le escuchaban atentos la conversación, les dijo: “El suboficial tiene un perro dóberman muy bravo”.

El día lunes 13 de febrero, en horas de la tarde, bajo el cielo azul de radiante sol,  salimos de la trocha, por fin logramos ver el Puesto de Vigilancia Nº 1; en ese momento sentimos inmensa alegría, muy emocionados alargamos los pasos, ingresamos al río, pasamos con cierta dificultad a la otra orilla, por la espalda el polo y pantalón se encontraba totalmente ensangrentado y húmedo; rápidamente nos aproximamos al campamento, viendo que salían unos reporteros del periodista Nicolás Lucar que trataron de entrevistarnos, lo esquivamos caminado rápido hacia la enfermería, donde nuevamente nos colocaron un par ampollas antiinflamatorios, la misma tarde, en helicópteros a todos los heridos nos trasladaron a la base de Ciro Alegría, Amazonas. 

En el Batallón Contrasubversivo N° 28 de Rioja, en las épocas de la Guerra Contrasubversiva, en las Base Militares en Estado de Emergencia, ningún personal utilizaba su identificación real, todos nos identificamos con el nombre y apellido falso, en la mayoría de los casos solamente por nuestros seudónimos y/o "chapas", de "jaguar" y "tigrillo" desconozco su verdadera identidad. 


DESPLAZAMIENTO DE LA COMPANÍA "C" DEL BCS N° 28 DESDE YURIMAGUAS A BAGUA AMAZONAS 1995

D
urante la Campaña Militar del Alto Cenepa 1995,  por motivos del conflicto con Ecuador, el personal de Oficiales, Suboficiales y Tropa SMO de las Base Contrasubversivos del distrito de Pampa Hermosa, Pongo, Pelejo y Yurimaguas se fusionaron y formaron la Companía "C" del Batallón Contrasubversivo N° 28.


En la base militar de Yurimaguas, el día domingo cinco de febrero en horas de la tarde se organizó las patrullas de la Compañía “C” del Batallón Contrasubversivo N° 28, para desplazamiento vía aérea con destino a la 5ta División de Infantería de Selva con sede en Bagua, departamento de Amazonas. 


El día lunes 6 de febrero de 1995, en horas de la mañana, abandonamos las instalaciones de la Base Contrasubversivo de la ciudad de Yurimaguas, capital de la provincia de Alto Amazonas, departamento de Loreto, ubicada en la confluencia de los ríos Huallaga y Paranapura. Desde la Base Militar todo el personal de Oficiales, Suboficiales y Tropa se desplazó formado en columna de tres, todos a pie, cantando a todo pulmón la canción militar "A Quito Nos Vamos", ante la mirada de asombro de los pobladores de las principales calles y avenidas nos dirigimos con destino al aeropuerto de Yurimaguas, donde también se encontraba la Base Militar de Estados Unidos de Norte América; llegando a dicha instalación permanecimos formados en las inmediaciones, enseguida uno de los aviones Antonov del Ejército se estacionó y procedimos a subir para ser trasladados con destino al aeropuerto “El Valor” de Bagua en en departamento de Amazonas. 


El personal de la Companía C" del Batallón Contrasubversivo N° 28, acantonado en la  Base Contrasubversivo de Yurimaguas, por motivos de conflicto con Ecuador se trasladó a la provincia de Bagua, departamento de Amazonas, al mando del mayor de infantería Luis Enrique Velit Sanchez (jefe), capitán de artillería Luis Alberto Cruz Ruiz, capitán de infantería Valdivia Luis A. Fernandez Dávila, teniente de infantería Edwin Ramírez García, suboficial de 1ra MCE Miguel Pineda Ramírez, SO1 enfermero militar Ortega Laymes Walter, SO1 chofer militar Torres Castillo Manuel, SO2 MCE Daniel Haro Cayetano y 150 hombres de Tropa Servicio Militar Obligatorio, todos armados con los viejos fusiles FAL modelo 1958 en su mayoría repotenciados, fusiles FAL modelo 1969 y ametralladora Mag, todos fabricados en Bélgica; algunos también fueron dotados con fusiles FAL fabricados en Argentina, llevamos 10 lanzacohetes RPG con sus respectivas granadas, granadas de fusil instalaza, granadas de mano tipo piña y municiones de calibre 7.62 mm. Como se puede apreciar en las imágenes, todo el personal se trasladó pésimamente mal uniformado, algunos oficiales y suboficiales utilizaron borseguies que nos regaló las Tropas de Estados Unidos de Norte América que se encontraban acantonados en las inmediaciones del Aeropuerto en la ciudad de Yurimaguas, la Tropa Servicio Militar Obligatorio, jóvenes en su mayoría oriundos de la Selva cuyo edad oscilaba de 18 a 21 años casi en su totalidad se encontraba pésimamente mal uniformado, utilizaron botas de jebe de la peor categoría, no había caso, no había chaleco, las fornituras y mochilas se encontraban en mal estado. 

Llegada al Aeropuerto "El Valor" de Bagua, Amazonas.- 6 de febrero, siendo las 14:30 horas, el avión Antonov aterrizó en el Aeropuerto "El Valor" de Bagua. Finalizado las coordinaciones del caso nos trasladan al cuartel “El Milagro” sede de la 5ta División de Selva, ubicado en la provincia de Bagua, donde la realidad que se vivía era totalmente diferente a lo que nos habían informado en la Base Contrasubversivo de Yurimaguas. La gran mayoría del personal que se encontraba en el cuartel "El Milagro" comentaban que las tropas de Ecuador nos estaba causando muchas bajas, principalmente por efectos de la mina antipersonal, en esas circunstancias me encontré con el SO1 EP León Alvarado Pablo, quien me puso al tanto de lo que ocurría en el Valle del Cenepa, específicamente me dijo lo siguiente: “ La situación en la zona de guerra no es positivo para las fuerzas peruanas, te irás a la guerra y ahora tu vida está en peligro”, esa mala noticia me asustó un poco. Luego, a todo el personal nos hicieron formar en las inmediaciones de la Compañía “Tigre”, donde nos proporcionaron una hoja a cada combatiente para anotar nuestros datos, especificando sobre todo el casillero relacionado a la estatura, (para la confección de ataúd), la dirección exacta y el número telefónico para que los encargados del traslado de los restos mortales de los fallecidos comunique a nuestros familiares en caso de fallecimiento; en ese momento todos permanecimos sorprendidos y muy asustados, en este tipo de actividades pasamos toda la tarde, sin almuerzo y en la noche no hubo cena para nadie.
Desplazamiento a Mesones Muro
.- el día lunes 6 de febrero, siendo las 21:00 horas, se inició el desplazamiento con destino a la guarnición de Mesones Muro; para el traslado del personal y material llegaron tres camiones de transporte civil, donde cargamos las cajas de municiones, granadas, baterías, material de comunicaciones pailas y otros; en el mismo camión también subimos muchos combatientes entre oficiales, técnicos, suboficiales y Tropa SMO; en un viaje totalmente  incómodo sobre las cargas llegamos a nuestro destino en la madrugada del día martes 7 de febrero de 1995, lugar donde amanecimos sentados sobre las bancas del comedor del personal de Tropa, aquella noche no dormimos ni un segundo, todos permanecimos sin rancho desde el día anterior. 


El día 7 de febrero en la mañana en el cuartel Mesones Muro no hubo desayuno “rancho” para nadie, cada combatiente por sus propios medios compró algo de comer en las cantinas que había en las inmediaciones del cuartel, ¿qué pasó con el Servicio de Intendencia?, en este tipo de contingencias lo primero que falla es el abastecimiento para la alimentación de los combatientes; provechó señores oficiales del Servicio de Intendencia del glorioso Ejército del Perú, con ese dinero, por lo menos habrán asegurado el futuro de sus hijos, claro que en complicidad con algunos malos Generales de la Institución que se comportaron como traidores, mientras otros pierden la vida en el campo de batalla.

Desplazamiento con destino a la Base Militar de Ciro Alegría.
- El 7 de febrero, siendo las 10:00 horas, se inició el desplazamiento  desde el cuartel Mesones Muro con destino a la Base Militar de Ciro Alegría, pero antes pasamos por el Centro Poblado Mayor de Imazita, donde las señoras del pueblo nos invitaron comida (arroz con guiso de pallares), asimismo nos proporcionaron plásticos a cada combatiente. Llegando al puerto de Imazita nos embarcamos en los botes que se conoce como “peque peque”, partimos río abajo, en el trayecto nos cruzamos con el personal de América TV que salía desde Ciro Alegría con destino a Bagua. 
En horas de la tarde llegamos al puerto fluvial de Ciro Alegría, en esas circunstancias cuando finalizábamos con el desembarque del personal, entre oscuros nubarrones del cielo amazónico apareció un helicóptero de ataque MI-25 de la Fuerza Aérea del Perú; aquella tarde cuando los rotores de la nave rugían en el cielo, la densa nube negra que nos cubría se puso triste, las ondas de los rotores de la nave nos transmitía señales funestas que anunciaban una desgracia; como si estaría dando voces de amargura y tristeza nos anunciaba que el otro helicóptero de ataque MI-25 Hind DFAP Nº 646 del Grupo Aéreo Nº 2 piloteado por el Coronel FAP Marco Antonio Schenone Oliva y su tripulación integrado por el Capitán FAP Raúl Vera Collahuazo y el Técnico de Tercera FAP Erick Gilberto Díaz Cabrel, había sido derribado en las inmediaciones de Tiwinza por un misil tierra aire Igla de Ecuador.

Llegada del personal a la Base Militar de Ciro Alegría
. - El día 7 de febrero, en horas de la tarde, el grueso del personal del Batallón Contrasubversivo N° 28, después de un largo viaje a través del río Marañón, llegó a la Base Militar de Ciro Alegría en Amazonas. En la mayoría quedamos sorprendidos viendo tanta maquinaria bélica, principalmente helicópteros fabricados en Rusia como los MI 8, MI 17 y el helicóptero netamente de combate el MI 25 de la Fuerza Aérea. En este lugar todo el personal vivía todos los riesgos de la guerra. En las inmediaciones encontramos cantidad de cajas de municiones de pequeño calibre, cajas conteniendo granadas de diversos tipos y misiles, listos para ser transportadas a la zona de guerra, digo riesgos porque algunos oficiales comentaban que existía información de inteligencia que la Fuerza Aérea de Ecuador tenía intenciones de ingresar a bombardear la Base Militar de Ciro Alegría, una base muy importante durante todas las operaciones, sobre todo teniendo en cuenta la cercanía y la importancia. Aquel día no hubo almuerzo ni cena para el personal de todos los grados, así en esas condiciones pernoctamos toda la noche a la intemperie en el de patio de formación, gracias a Dios esa noche no llovió y amanecimos sin novedad.


Desplazamiento con destino al PV N° 1.- El día miércoles 8 de febrero de 1995, antes del mediodía, comenzaron trasladar vía aérea a todo el personal del Batallón Contrasubversivo N° 28 con destino al Puesto de Vigilancia N° 1 provincia de Condorcanqui, Amazonas. Yo, me embarqué con mi patrulla en un helicóptero MI 17 del Ejército, durante el desplazamiento hubo un momento en que el tirador de la ametralladora que en la foto está con polo blanco, quién preparó su ametralladora, apuntó y disparó en ráfaga hacía la inmensidad del mando verde, manifestó lo siguiente: Dijo, “pasaremos cerca de la línea de frontera, esta zona es muy peligroso”, en esos momentos todos permanecimos en completo silencio, pienso que cada cual iba cavilando por el misil que podría salir de algún rincón de las profundidades del inmenso manto verde, ante un misil un helicóptero es presa segura y la ametralladora no servía para nada, ¿qué podría hacer un tirador de ametralladora ante un misil?, hubo miedo y tensión en esos momentos, pero gracias a Dios llegamos sin novedad inicialmente al Puesto de Vigilancia N° 2, después de cinco minutos la nave nuevamente levantó vuelo con destino al Puesto de Vigilancia N° 1 y la llega fue sin novedad.

BASE CONTRASUBVERSIVO DEL DISTRITO DE PELEJO Nº 28 DEPARTAMENTO DE SAN MARTÍN ENERO 1995

El distrito de El Porvenir Pelejo, es uno de los 14 distritos de la provincia de San Martín, desde la ciudad de Tarapoto se llega a través del rio Huallaga, rio abajo, se baja por Chazuta, Pongo, Yarina, Huimbayoc, Papaplaya, distrito de Pelejo; la otra ruta es partiendo desde la ciudad de Tarapoto, vía terrestre hasta Yurimaguas, desde esta ciudad, rio arriba, se pasa por Schucshuyacu; en cuanto a distancias, por ambos lados es similar, para llegar se demora seis horas, aproximadamente.

En este distrito permanecí como jefe de la Base Contrasubversivo desde el 5 de diciembre de 1994 hasta el 29 de enero de 1995. En aquellos tiempos el personal del ejército luchaba contra las huestes del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso. En este distrito de escasa población había mucha pobreza, sus habitantes en su totalidad era gente muy humilde, para subsistir se dedicaban a la pequeña agricultura, ganadería y pesca. En este distrito no había el servicio de energía eléctrica, no había red de agua, no tenían desagüe, no había canales de televisión, en la pequeña posta médica no había medicamentos ni médicos, pero si tenía un aeropuerto para las avionetas de los narcotraficantes a una hora de camino a pie.

En las zonas de la selva, las principales autoridades políticas son cómplices de narcotraficantes de diferentes nacionalidades, las autoridades por su silencio son recompensados económicamente, es de conocimiento también que las diferentes firmas colaboran con las municipalidades, gobernadores, y los pobladores trabajaban para las diferentes firmas, el grueso poblacional limpia la pista clandestina dentro del monte, otros cumplen la función de informante, otros trabajan como cargadores, en las noches para aterrizaje de las avionetas colocaban mecheros en la pista. 

En aquellos tiempos una de las misiones que teníamos era cuidar el aeropuerto que se encontraba a una hora a pie, todo el largo de la pista se encontraba bombardeado y/o dinamitado para evitar el transporte de droga de las firmas peruanas y colombianas, pero estos mafiosos en horas de la noche con el apoyo de la población y de las autoridades políticas se la ingeniaban de diferentes formas para sacar vuelos principalmente a Colombia.

En la Base Militar el único medio de comunicación que teníamos era el equipo de radio francés Thomson de alta frecuencia “HF/BLU” TRC 340 con gama de frecuencia comprendido de 1.5 MHz a 29.999 MHz, que funcionaba solamente media hora, pues se recalentaba uno de sus integrados de potencia y se apagaba automáticamente, era un aparato muy antiguo de transmisión y recepción en “Claro” cuya señal de irradiación se podía interceptar fácilmente, pero era el único medio que nos permitía estar en contacto con el Puesto de Comando Avanzado acantonado en el distrito de Rioja. La batería ALI 116 del equipo de radio todos los días se recargaba mediante el generador manual ALG 106, dicho generador también presentaba mucho desgaste en la base de la manivela por el uso constante. Por el motivo que expongo dicho equipo de radio se ponía en funcionamiento solamente en las horas de reporte, es decir: en las mañanas de 08:00 a 08:30 horas, al medio día de 12:00 a 12:30 horas y en las noches de 20:00 hasta 20:30 horas. Ante total escasez de medios de información de fuente abierta, más allá de los límites del distrito permanecimos “sordos, mudos y ciegos”.

El 28 de enero de 1995, en la madrugada, soñé que el Perú se encontraba en guerra contra Ecuador, nuestras fuerzas habían invadido el territorio del vecino país del norte llegando hasta Quito, había sido una victoria fácil, rápidamente toda la resistencia del enemigo había sido arrasada por el avasallador accionar de los blindados y la Fuerza Aérea del Perú. Al despertarme de este sueño me puse a pensar, presumiendo que algo malo podría suceder en la Base Militar, en el acto me levanté con mi fusil FAL en la mano, sabía que en este tipo de zonas el peligro es constante sobre todo en las noches, pensé que la Base podría ser atacado por los grupos subversivos del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso y/o por narcotraficantes; por ende, procedí a verificar el servicio de guardia y amanecí en alerta, ya no dormí. 

Cuando apareció la luz del día, siendo las 06:00 horas, salí a dar unas vueltas por el pequeño puerto fluvial del distrito, en las orillas del imponente rio Huallaga se encontraban dos centinelas del tercer turno y se encontraban sin novedad, los mismos que tenían la misión de controlar el paso de toda las embarcaciones en horas de la noche. Cuando me aprestaba a retornar a la base me encontré con el señor gobernador del distrito, don Julio Navarro Vásquez, quien me dijo lo siguiente: “Ecuador ha invadido nuestro territorio, en estos momentos el Ejército está en pleno combate en la zona oriental de la Cordillera del Cóndor en Amazonas”. En ese momento sonreí y le dije: "yo también he soñado que los blindados del Ejército y la Fuerza Aérea ya están en Quito", que raro ¿mis sueños se están cumpliendo?, ante mi respuesta el gobernador me dijo: “Bueno, si no me crees vamos a mi casa para escuchar la radio”. Después de caminar más de 300 metros de distancia, llegamos a un inmueble típico de la selva construido con madera con techo de hojas de plátanos, do Julio sacó un pequeño receptor que sintonizaba bien a una emisora ecuatoriana, todo era cierto, el narrador hablaba de movilización total de las tropas y reservistas del vecino país del norte con destino a la línea de frontera con Perú, en ese momento escuchando la noticia me quedé pensando en mis sueños y también muy sorprendido por lo que nos sucedía a los peruanos, entre mí dije ¿guerra?; ¿guerra?; en seguida el gobernador me dijo: “ ¿Te das cuenta o no?”, además dijo:  “¿Qué, no te ha informado tu Comando desde Rioja?” le dije que no, que hasta el momento no sabía nada, quien además me dijo: “Ya verás que más tarde te avisarán para que te repliegues de inmediato al PC”. 

Finalizado la conversación, me retiré con destino a la Base Militar; llegando, reuní a todo el personal de tropa y les informé de los problemas con Ecuador. Pero yo más pensé en irme a la ciudad de Lima, es que administrativamente desde el 01 de enero de 1995 ya pertenecía a la Companía de Comunicaciones N° 800 de la Aviación del Ejército con sede en Callao; pero operativamente aun pertenecía al Batallón Contrasubversivo N° 28 de Rioja.

Aquel día, siendo las 08:00 horas, desde el Puesto de Comando (PC) del distrito de Rioja, se escuchaba la voz de siempre del Técnico de tercera Operador de Comunicaciones Barreto Veliz Hildebrando, conocido como el Técnico “Orlando”, quien a esa hora como siempre hacía el llamado de Red, pronunciando lo siguiente: “SQ, SQ, SQ, esta es Tigre”, “SQ, SQ, SQ, esta es tigre”, “SQ, SQ, SQ, esta es tigre” a lo que las estaciones comenzaron a contestar en orden establecido en la red de radio. Una vez coordinado el enlace en la Red Múltiple, el mismo Comandante Julio Chaparro Beraún se colocó en la cabina y comenzó a dar órdenes, cuando llegó mi turno, el señor Comandante me dijo lo siguiente: “Escúchame, en estos momentos confecciona detalladamente un acta de entrega del inmueble que ocupó la Base Contrasubversivo, el gobernador del distrito tiene la misión de recibirlo para su custodia, mañana a las 08:00 horas, te repliegas con todo tu personal y material con destino a Yurimaguas y quedas bajos las órdenes del Mayor Luís Enrique Velit Sánchez, con seudónimo “Wily, QSL”, le contesté dando el acuse de recibo correspondiente de QSL . Aquel día, siendo las 12:00 horas, mediante un acta de entrega, el inmueble que lo ocupamos como Base Militar lo entregamos al gobernador distrital, y quedamos aprestados para desplazamiento a Yurimaguas.

El 29 de enero, siendo las 08:00 horas, Ignorando la realidad que vivía nuestro país, me embarqué, rio abajo, con destino al distrito de Yurimaguas, a donde llegué siendo las 13.30 horas, lugar donde me enteré que, desde los primeros días del mes de enero de 1995, las operaciones militares se habían convertido en una de las principales noticias del Perú y del mundo. Transcurrían los días, en los periódicos comenzaron a publicarse nombres de los lugares como el Puesto de Vigilancia N° 1, el Puesto de Vigilancia N° 2, Cueva de los Yayos, La “Y”, Base Sur, Helipuerto Tormenta, Tiwinza, etc.

En la Base Contrasubversivo del distrito de Yurimaguas se conformó la Compañía “C” del Batallón Contrasubversivo N° 28, integrado por el personal de las Bases Contrasubversivos del distrito de Pampa Hermosa, distrito de Pelejo y del distrito de Yurimaguas. El día domingo 5 de febrero se organizaron las patrullas y todos quedamos aprestados. El día lunes 6 de febrero, siendo las 0800 horas, salimos de la base con destino al aeropuerto de Yurimaguas y siendo las 11:30 horas, partimos con destino a la base “El Valor” de Bagua, departamento de Amazonas a donde se llegó siendo las 13:00 horas aproximadamente, al mando del Mayor de infantería Luís Enrique Velit Sánchez.



ANTECEDENTES DE LA GUERRA CON ECUADOR : CAMPAÑA MILITAR DEL ALTO CENEPA 1995

Mucho antes de proclamar su independencia, la región del actual Ecuador reclamaba su acceso con soberanía a la cuenca del río Amazonas. En 1827, Simón Bolívar, gobernante de la Gran Colombia, de la que Ecuador formó parte hasta 1830, reclamó como territorios que le correspondían a su país los de Tumbes, Jaén y Maynas.

Este reclamo, se basaba en la compensación por las deudas de las luchas por la independencia de nuestro país y por el costo de reponer con nuevos efectivos las bajas sufridas en las tropas de apoyo. Debido a ello, el 17 de mayo de1828, el Congreso peruano rechazó tales pretensiones por considerar que dejaban de lado el principio del Uti possidetis lo que implicaba tomar como punto de partida el territorio tradicionalmente ocupado por cada país al año 1810. En consecuencia, autorizó al presidente José de La Mar a tomar las medidas del caso. En virtud de ello, tropas peruanas invadieron la ciudad de Guayaquil, pero fueron rechazadas por las tropas al mando del general Antonio José de Sucre.

Tras varios impases diplomáticos, se llegó a la firma del Tratado Larrea - Gual del 22 de setiembre de 1829, en Guayaquil. Este tratado, también conocido como Tratado de Guayaquil estableció que el límite entre la Gran Colombia y el Perú sería el mismo que existió entre los virreynatos de  Nueva Granada y el del Perú, descartando de forma meridiana cualquier discusión sobre presuntos derechos al sur de la línea de frontera determinada por el río Zarumilla, además la reducción de efectivos en la zona de frontera y la liquidación de la deuda peruana a favor de Colombia por los gastos efectuados por esta, durante la etapa de la independencia.

El 13 de mayo de 1830, se constituyó el estado ecuatoriano, suscribiéndose diversos acuerdos y tratados con la finalidad de trazar la frontera entre ambos países, sobre todo en la parte amazónica. Ecuador señaló la "existencia" del Protocolo Pedemonte-Mosquera, supuestamente firmado el 11 de agosto de 1830, entre el Perú y la Gran Colombia. Nuestro país negó la existencia de ese tratado, afirmando que nunca se firmó, debido a la desaparición de la Gran Colombia y a que jamás se encontró el documento original.

Con el Tratado de Amistad y Alianza que se suscribió el 12 de julio de 1832, el Perú reconoció en generoso gesto a la naciente república, como un país integrado por las provincias de Quito, Azuay y Guayaquil. A su vez el Ecuador reconoció al Perú con sus departamentos, provincias y distritos representados en el Congreso de 1832, entre los que se encontraban Tumbes, Jaén y Maynas. 

Durante 1859 y1860, ambos países libraron una guerra sobre un territorio cercano al río Amazonas. Ecuador ingresó a una guerra civil que impidió las relaciones diplomáticas con el resto de los países sudamericanos. Entre 1879 y 1883 el Perú afrontó una contienda contra Chile, no pudiendo atender otros asuntos diplomáticos. En 1887, un tratado suscrito por ambas naciones estableció que el rey español, actuaría como árbitro. Se pensó que ese Tratado, denominado Herrera-García, resolvería permanentemente el conflicto. El Congreso peruano señaló que ratificaría el tratado sólo después de que se introdujeran algunas modificaciones, por cuanto lo consideraba poco favorable para su país. Ante ello, Ecuador se retiró del proceso en protesta por las modificaciones peruanas y el rey se abstuvo de proponer una decisión.

En el siglo XX, se dieron nuevos incidentes limítrofes. El más importante de esos conflictos fue el que se dio en el año de 1910. En 1922, hubo otra disputa referida a la firma del Tratado Salomón – Lozano, entre Perú y Colombia, que resultó favorable a esta última nación. Este tratado causó malestar tanto en Perú (donde se señaló que el presidente Augusto B. Leguía lo suscribió bajo presión de los Estados Unidos), como en Ecuador, que se veía, de esa forma, limitando con Perú por el este.

En 1936, tras largos años de incidentes y negociaciones, se fijó una "línea de Status Quo", en calidad de frontera provisional mutuamente reconocida, tomando como base los territorios que de facto poseía cada país. Dentro de dicha línea provisional, en la zona correspondiente al actual departamento peruano de Amazonas, se fijaba, como frontera natural, la zona conocida como la Cordillera del Cóndor.
El 11 de enero de 1941, alegando que los ecuatorianos habían realizado incursiones e incluso ocupado territorio peruano en la región de Zarumilla, el presidente peruano, Manuel Prado, ordenó la formación del Agrupamiento Norte,  unidad militar a cargo del Teatro de Operaciones del Norte.

Nuestro país movilizó su ejército, ingresando a territorio ecuatoriano por Tumbes. La Fuerza Aérea del Perú bombardeó Santa Rosa en la provincia fronteriza ecuatoriana de El Oro, y amenazó con hacer lo mismo con Guayaquil. Tropas peruanas invadieron regiones del sur del Ecuador y presionaron hasta la firma del protocolo de Río de Janeiro el 29 de enero de 1942, cuya legitimidad fue garantizada por Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos de América. La firma del protocolo de Río de Janeiro confirmó la línea del “Status Quo” de 1936, firmada en Washington por Perú y Ecuador, menos la pérdida por parte de Ecuador de 5.392 millas cuadradas.

Demarcación en la Cordillera del Cóndor.- La demarcación de la línea fronteriza establecida en el protocolo, mediante el levantamiento de hitos, se inició en 1947. Sin embargo, ésta no fue culminada en la zona de la Cordillera del Cóndor, debido a que, mediante un levantamiento aerofotogramétrico, se "descubrió" la presencia del río Cenepa, entre el río Zamora y el río Santiago.

Eso implicaba que lo consignado en el protocolo no correspondía con la geografía real de la zona. el río Cenepa era un accidente geográfico conocido desde muchos años antes. La suspensión se basó en la posición ecuatoriana, que señalaba la inexistencia de un "Divortium Aquarium" (divisoria de aguas) entre el río Zamora y el río Santiago, como establecía el Protocolo de Río de Janeiro. En efecto, el árbitro brasileño Braz Dias de Aguiar solamente mencionaba que los ríos necesarios para efectos de demarcación eran el Zamora y el Santiago. Según el punto de vista ecuatoriano, este tema, añadido a otras "inconsistencias" en el texto del protocolo, fueron causa de que la demarcación se suspendiera unilateralmente. Como conclusión, Ecuador mantuvo durante años la tesis de que el protocolo era inejecutable.

En el plano diplomático, los representantes peruanos y ecuatorianos no pudieron ponerse de acuerdo. La colocación de hitos fronterizos, convenida en el protocolo de 1942, imprescindible en una zona tan agreste, no pudo ser concluida, pues se detuvo en 1950, quedando sin demarcar un espacio de 78 kilómetros lineales.

En 1960, el presidente ecuatoriano José Velasco Ibarra, pretendió declarar la nulidad del Protocolo de Río de Janeiro, arguyendo que "fue firmado bajo la fuerza y con amenazas", cuando las Fuerzas Peruanas "ocupaban" territorio ecuatoriano. Estas declaraciones del mandatario ecuatoriano mostraron las intenciones de Ecuador de buscar una salida a la cuenca del río Amazonas prescindiendo de lo señalado por el Protocolo de Río.

Incidente de 1981, "Falso Paquisha" .- El 22 de enero de 1981, el gobierno peruano denunció un ataque a una de sus aeronaves cuando realizaba una misión de abastecimiento a puestos de vigilancia en el río Comaina (territorio peruano). El entonces presidente peruano, arquitecto Fernando Belaúnde, ordenó la inspección del río Comaina hasta sus nacientes en el lado oriental de la Cordillera del Cóndor, comprobándose la existencia, dentro de territorio peruano, de tres destacamentos militares ecuatorianos, con sus respectivas instalaciones. Este hallazgo causó acciones de fuerza, logrando las fuerzas peruanas desalojar los destacamentos ecuatorianos.

La posición ecuatoriana señalaba que esos destacamentos correspondían a la base de "Paquisha", establecida en territorio ecuatoriano. Pero, tras la medición de las coordenadas, se comprobó que no correspondían a la mencionada Paquisha sino, como lo calificó el presidente Belaúnde, a un "falso Paquisha". Tras las escaramuzas, que motivaron la intervención de la Organización de los Estados Americanos (OEA), el acta Sorrosa-Du Bois fijó las coordenadas de ubicación permitidas para las tropas fronterizas, ratificando la condición de la mencionada cordillera como límite natural entre ambos países.

En 1992, los presidentes del Perú y Ecuador, suscribieron el llamado Pacto de Caballeros en el que se comprometían a buscar soluciones pacíficas a las diferencias. Sin embargo, en los últimos meses de 1994, se empezaron a notar movilizaciones del ejército del Ecuador, que desde 1981, había estado preparándose para afrontar un conflicto generalizado, desplegando sus sistemas de defensa en el área de la Cordillera del Cóndor.
Así,  se descubre presencia ecuatoriana en el sector del BIS – 25 Pinglo, Detectada la infiltración en suelo peruano, se reunieron los pares (Jefes de la UU) de Perú y Ecuador, para que desalojen la zona, respondiendo los norteños que era imposible y desconocían el Protocolo de Rió de Janeiro, aduciendo que por años tenían posición del terreno.

El Sr. Gral. Brig. Vladimiro López Trigoso, convocó a una reunión de Comando de emergencia del 26 al 30 de diciembre de 1994, informándose de la situación, se inicio al planeamiento para las operaciones.

El 12 de enero de 1995, se realizó un reconocimiento aéreo en helicóptero con el Gral. López, Crl. Marrou, TC Vargas y Cáp. Ontiveros y posterior reunión con Oficiales de Ecuador en la congruencia del Yaupi Santiago la conclusión de dicha reunión de los pares de Perú y Ecuador, fueron los siguientes:
-          Respeto a la Cartilla de Seguridad.
-          Ecuador no se retiraba.
-          Ecuador solicita mantener el Status Quo.
-          Protestaron el sobrevuelo del helicóptero peruano.

El 25 de enero de 1995, el Señor Comandante General de la 5ta División de Infantería de Selva, ordenó recuperar las zonas ocupadas, e iniciar Operaciones de Guerra Convencional.