AUDIO ALTO CENEPA 1995

martes, 25 de noviembre de 2014

BATALLÓN CONTRASUBVERSIVO N° 28 DE RIOJA EN LA COTA 1232 / 12 DE FEBRERO ALTO CENEPA 1995

El despliegue táctico desde el Helipuerto Tormenta hacia la cota 1232.- A las 09:00 horas del domingo 12 de febrero de 1995, bajo una mañana soleada y de cielo despejado, se inició la organización del ataque en el Puesto de Comando Avanzado (PCA) del Batallón Contrasubversivo N° 28. Este puesto se ubicaba en el Helipuerto Tormenta (cota 1274), una posición bautizada por las tropas ecuatorianas como la Base Norte, en el sector nororiental de la Cordillera del Cóndor, en Amazonas.

El teniente coronel de infantería Julio Celestino Chaparro Beraún, conocido bajo el seudónimo de comandante «Alfonso», dispuso la conformación de tres compañías de fusileros con una misión clara y de alto riesgo: adentrarse en la zona de operaciones de la cota 1232, en el Valle del Cenepa, para desalojar y expulsar a las tropas invasoras del ejército ecuatoriano, las cuales se encontraban atrincheradas a la defensiva en un número no determinado dentro de la densa vegetación selvática.

La marcha la inició, como hombre en punta a la cabeza de toda la columna, el teniente de comunicaciones y comando Américo Ramírez Almanza, acompañado por tres sargenyos del Servicio Militar Obligatorio. Antes de emprender el movimiento, el comandante Julio Chaparro le dedicó palabras de elogio y reconocimiento a su condición de comando, un gesto que elevó la moral del oficial subalterno ante la inminencia del peligro. Acto seguido, la Compañía «A» de fusileros, integrada por 120 hombres al mando del capitán de caballería Luis Guillermo Gonzales Morales —el capitán «Rodrigo»—, comenzó el descenso desde el Helipuerto Tormenta hacia la cota 1232 a través de una trocha angosta y sinuosa que presentaba constantes obstáculos geográficos propios de la Amazonía. Detrás de ellos se desplazó la Compañía «C», bajo las órdenes del teniente de infantería Edwin Ramírez García, conocido como el teniente «Marcelo». Un poco más rezagada marchaba la reserva, comandada por un capitán con el alias de «Clavo» y por el teniente de comunicaciones y comando Manuel Barnard Javier Alva, apodado el teniente «Marte».

Cada compañía de fusileros estaba conformada por 120 combatientes entre capitanes, tenientes, subtenientes, suboficiales y personal de tropa. Todos operaban bajo condiciones logísticas deplorables: pésimamente uniformados, sin cascos ni chalecos antibalas, y portando cananas y fornituras desgastadas hasta quedar en hilachas. El armamento disponible consistía en viejos fusiles automáticos ligeros (FAL) de origen belga, modelos 1958 repotenciados y 1969, ametralladoras MAG y lanzacohetes RPG de fabricación rusa. Toda esta indumentaria y material bélico correspondía a adquisiciones realizadas décadas atrás, durante el gobierno del general Juan Velasco Alvarado.

A las carencias materiales se sumaba el peligro invisible del terreno. Las minas antipersonales, sembradas a discreción por las patrullas ecuatorianas en las trochas del territorio peruano invadido, ya habían causado numerosas bajas entre muertos y heridos en nuestras filas. Debido a esto, se volvió imposible utilizar los senderos existentes, obligando a los soldados a abrir nuevas trochas a golpe de machete en una selva virgen e inhóspita. El riesgo de extraviarse era una constante debido a la falta de cartas geográficas actualizadas, brújulas o dispositivos GPS. Pese a la ausencia de puntos definidos de orientación, los combatientes descendieron lentamente venciendo pantanos, abismos, huecos y todo tipo de accidentes topográficos hasta que, entrada la tarde, entablaron contacto armado con el enemigo, sosteniendo un violento combate que se prolongó hasta el anochecer.

Durante toda la jornada, las baterías de la artillería ecuatoriana abrieron fuego en todas las direcciones. Los disparos de los lanzadores múltiples BM-21 de 40 bocas resonaron casi sin interrupción, provenientes de los puestos enemigos de Coangos, Cóndor Mirador y Banderas. Aunque el fuego se realizaba sin rumbo ni un objetivo específico, impidiendo que nos causara bajas directas, el estruendo ensordecedor y las constantes explosiones sembraban ráfagas de pánico y desesperación que ponían a prueba la templanza de cada combatiente en el frente.

1 comentario:

  1. Honor y gloria a todos los caídos y orgullosos los que viven para contarlo amigo pineda que viva nuestro glorioso ejército peruano tuve el privilegio de servir a la patria en el tiempo que chaparro llegó como subteniente al glorioso Pepita en mi querida cajamarca un abrazote

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