Las Comunicaciones Militares
en el Conflicto del Alto Cenepa (1995). - En el ámbito de la
guerra convencional, los equipos de radio de muy alta frecuencia (VHF), alta
frecuencia (HF/BLU) y ultra alta frecuencia (UHF) constituyen el medio
principal de comunicación entre las unidades de combate, los elementos de apoyo
de fuego, las patrullas y las secciones de reconocimiento. En el Ejército del
Perú, el empleo de estos sistemas se organiza formalmente a través de dos redes
de comando: la Red N° 1, destinada exclusivamente al control de las unidades y
patrullas de maniobra en combate directo con el enemigo, y la Red N° 2,
reservada para los enlaces administrativos y el apoyo a las operaciones.
La eficacia de estas
comunicaciones depende estrechamente de la topografía y de las condiciones
meteorológicas. Los mandos militares dependen de ellas para impartir órdenes en
tiempo real y para intercambiar información crítica con los jefes de unidad y los
conductores de tiro de morteros y artillería. Sin embargo, en un escenario
geográfico tan hostil como la selva peruana, estas redes suelen experimentar
graves fallas. Esto se debe a la densa vegetación, las condiciones
climatológicas adversas, la insuficiente dotación de material moderno, la falta
de adiestramiento de los operadores de comunicaciones y las acciones de guerra
electrónica ejecutadas por el enemigo.
La génesis de esta
problemática técnica se remonta a 1991, cuando los batallones de la Primera
Región Militar del Perú recibieron como dotación el equipo de radio de
fabricación israelí Tadiran PRC 2200 (S) de 20 vatios. Esta tecnología de
vanguardia operaba en una gama de 1.5 a 29.9999 MHz con 285,000 canales de
radiofrecuencia (separados por 100 Hz) y permitía transmisiones tanto en señal
abierta (claro) como en modos protegidos: Secreto (SEC) y Saltos de Frecuencia
(AJ) para contrarrestar el espionaje radiofónico.
Al estallar el conflicto
armando con el Ecuador en 1995, el Comando del Ejército dispuso la
redistribución urgente de estos equipos Tadiran hacia las unidades desplegadas
en la selva (5.ª Región Militar). No obstante, debido a la premura del
desplazamiento de las tropas, no hubo tiempo suficiente para instruir a los
operadores en la operación, programación y mantenimiento de estos radios, que
en ese momento representaban el material más moderno de la institución. En
bases o estaciones fijas donde se contaba con energía convencional de 220 VCA o
grupos electrógenos, el Tadiran PRC 2200 (S) podía alimentarse con un voltaje
de entre 10 VDC y 14.5 VDC mediante el adaptador AD-1224. El verdadero desafío
radicaba en su empleo portátil en la primera línea.
Durante los combates en el
Valle del Cenepa a inicios de 1995, las deficiencias logísticas del material de
campaña de alta frecuencia (HF/BLU) se hicieron evidentes. Mientras algunos
batallones peruanos acudieron al frente con los modernos equipos Tadiran PRC
2200 (S), otras unidades operaban con radios franceses Thomson TRC 372 y TRC
340 de 20 vatios. Estos últimos eran modelos sumamente antiguos que solo
transmitían y recibían en señal abierta (en claro).
Esta mezcla heterogénea de
tecnología moderna y obsoleta provocó una grave incompatibilidad técnica. Como
consecuencia directa, se fracturó el enlace entre el Puesto de Comando (PC)
principal —ubicado en el Puesto de Vigilancia N° 1— y los batallones o
patrullas que combatían en sectores clave del valle, como las inmediaciones de
la cota 1061 (conocida como la falsa Tiwinza). El sistema de comunicaciones
radiales colapsó por completo, aislando al comando de sus combatientes dispersos
en la selva.
Ante este fracaso técnico, el
Ejército se vio obligado a recurrir a un medio alterno y rudimentario: el envío
de mensajeros a pie a través de las trochas. La falta de comunicación oportuna
provocó que siete de estos soldados perdieran el rumbo o fueran emboscados por
las fuerzas invasoras de Ecuador. Tras ser capturados y declarados prisioneros
de guerra, fueron trasladados a Quito, donde permanecieron hasta que se
gestionó su liberación y posterior canje mediante la intervención humanitaria
de la Cruz Roja Internacional.
Finalmente, el factor
energético también condicionó el desenlace táctico del radio Tadiran PRC 2200
(S) en su configuración portátil de mochila. Para garantizar la movilidad del
combatiente en la selva, el equipo requería una alimentación de entre 10 VDC y
14.5 VDC provista por la batería de níquel-cadmio (Ni-Cd) TNC 2188. Para
recargarla en campaña, la única opción disponible en el terreno era el cargador
solar portátil TCS-124B, el cual funcionaba mediante el efecto fotovoltaico.
Este dispositivo contaba con celdas de material semiconductor (generalmente silicio cristalino) que absorbían los fotones de la radiación solar; al impactar con los electrones de la celda, generaban un flujo de corriente continua regulada a 14.5 VDC a través de sus bornes positivo y negativo. Sin embargo, la efectividad de este panel solar dependía totalmente del clima: si bien operaba de manera óptima en espacios abiertos bajo un sol radiante e intenso, resultaba completamente inútil bajo la densa sombra de los árboles o durante los días nublados y lluviosos del Cenepa. El equipo poseía una segunda alternativa mecánica de recarga mediante el generador manual (o dinamo) ALG-125B; no obstante, según los registros del Servicio de Comunicaciones del Ejército (SCOME), este componente nunca llegó a ser adquirido al fabricante en Israel, dejando a las patrullas peruanas sin una fuente de energía autónoma y confiable en el peor momento del combate.
Crónica de las Comunicaciones
y la Defensa Aérea en el Alto Cenepa (1995). - En la
agreste geografía del Alto Cenepa, Amazonas, las limitaciones del cargador
solar portátil TCS-124B se hicieron evidentes de inmediato. Las condiciones
meteorológicas adversas —caracterizadas por lluvias constantes, densa neblina y
una humedad extrema—, sumadas a la frondosa cobertura de árboles gigantescos
que impedían el paso de la luz solar hacia el suelo, anularon la efectividad de
los paneles fotovoltaicos. En escenarios de selva baja y cerrada como este, la
doctrina militar exige el uso de generadores manuales o dínamos. Sin embargo,
debido a la negligencia logística del Comando del Ejército, el material de
comunicaciones adecuado nunca llegó al frente, lo que desencadenó graves crisis
tanto en los equipos como en el desempeño de los operadores.
La gran mayoría del personal
de comunicaciones no se encontraba entrenado ni actualizado para operar el
moderno sistema israelí Tadiran PRC 2200 (S). En la zona de operaciones, muchos
de los llamados "Oscar Charlies" (operadores de comunicaciones)
evidenciaron una preocupante falta de preparación táctica. Se trataba de
personal que por años había permanecido en labores netamente administrativas
dentro de oficinas, operando computadoras en los cuarteles generales de las
Grandes Unidades de Combate, como si pertenecieran a la especialidad de Estado
Mayor. Al ser trasladados de imprevisto al frente de batalla, demostraron una
total falta de profesionalismo; debido a su desconocimiento técnico, eran
incapaces de configurar el radio transmisor y, con frecuencia, manipulaban de
forma errónea el selector de funciones, colocándolo en la posición ERS
(Erase/Borrado), lo que eliminaba instantáneamente toda la programación
almacenada en la memoria del equipo.
Un reflejo de esta
indisciplina y falta de instrucción ocurrió la mañana del jueves 9 de febrero
de 1995 en el Puesto de Vigilancia N° 1, sede del Puesto de Comando de todas
las operaciones militares de la campaña. En momentos en que el Batallón
Contrasubversivo N° 28 de Rioja se preparaba para desplazarse a la línea de
fuego, el Técnico de Primera Juan Negrón, especialista en comunicaciones, fue
designado para integrar una patrulla portando el radio de mochila Tadiran
PRC-2200 (S). El técnico se negó rotundamente a cumplir la misión propia de su
especialidad, escudándose en su antigüedad y alegando que no sabía operar el
equipo. Tras sostener una fuerte discusión verbal con un capitán, se le obligó
a formar e ingresar a la selva cargando el radio. No obstante, al día siguiente
desertó del sector conocido como la "Y", aduciendo sufrir de cólicos
severos y estrés. Como él, varios técnicos y suboficiales demostraron un
rendimiento deficiente en el combate por su incapacidad para operar los
selectores y programas de los equipos de radio moderno.
Aunque mi especialidad de
origen es la de mecánico de comunicaciones y electrónica, las demandas del
combate en el Valle del Alto Cenepa me llevaron a asumir, por orden superior,
el mando como comandante de una de las patrullas de combate del Batallón
Contrasubversivo N° 28 de Rioja. A pesar de cumplir funciones de infantería, me
mantuve al tanto del estado de los enlaces en alta frecuencia (HF/BLU).
Presenciar tanta improvisación generaba una profunda frustración; incluso
observaba a oficiales de armas, con los grados de teniente y subteniente, que
desconocían por completo cómo emplear el cargador de datos G-10. Este conflicto
dejó al descubierto que los oficiales del arma de comunicaciones eran
entrenados prioritariamente para la burocracia administrativa y no para las exigencias
operativas de la guerra real.
Por otro lado, entre los años
1984 y 1993, presté servicios en diversas guarniciones de los departamentos de
Tumbes, Piura y La Libertad. Durante los cursos de actualización en la Primera
Región Militar, algunos oficiales comentaban que las Fuerzas Armadas del
Ecuador habían adquirido equipos de guerra electrónica en Israel destinados a
interceptar y anular nuestras frecuencias de VHF y HF. No obstante, la
experiencia en el terreno demostró que dicha información era inexacta. Durante
la campaña del Cenepa, el enemigo no aplicó ningún tipo de perturbador o jamming
para bloquear nuestras comunicaciones en transmisión abierta ("en
claro"). Lo que sí ejecutaron con éxito fue el reconocimiento aéreo.
Durante las noches, aviones de
reconocimiento ecuatorianos sobrevolaban el espacio aéreo peruano con total
impunidad, dando vueltas lentamente sobre posiciones clave como el Puesto de
Vigilancia N° 1, la "Y", la Cueva de los Tayos y el Helipuerto
Tormenta. A través de la radiogoniometría, el enemigo intentaba localizar las
coordenadas de nuestras estaciones de radio; sin embargo, no lo consiguieron
debido a que nuestras unidades operaban estrictamente en silencio de radio (Rad
Sil) durante la noche para evitar ser detectados. El verdadero motivo por
el cual las aeronaves ecuatorianas entraban y salían libremente de nuestro
territorio era la alarmante ausencia de una defensa antiaérea eficaz y la falta
de misiles tierra-aire modernos.
Un ejemplo de esta
vulnerabilidad ocurrió la madrugada del 10 de febrero, aproximadamente a las
01:30 horas, cuando un avión de reconocimiento ecuatoriano realizó tres
sobrevuelos en círculo sobre el sector de la "Y", lugar donde
pernoctaba el grueso del Batallón Contrasubversivo N° 28 junto a otros
elementos de combate. En dicha posición no se disponía de misiles tierra-aire
Strella ni de ametralladoras antiaéreas calibre punto 50; estábamos
completamente desprotegidos.
Una situación similar se
repitió el sábado 11 de febrero a las 23:45 horas en la cota 1274, conocida
como el "Helipuerto Tormenta". Mientras descansaban en el lugar las
tropas del Batallón Contrasubversivo N° 28 de Rioja, el Batallón
Contrasubversivo N° 314 de Huánuco y un equipo de tiradores de cohetes Strella
procedentes de Arequipa, otra aeronave de reconocimiento enemiga ingresó a baja
velocidad. El avión describió tres órbitas sobre la posición peruana y, tras
concluir su misión de espionaje, se retiró lentamente hacia el sector del
Puesto de Vigilancia Coangos, en territorio ecuatoriano. La nave volaba a una
altitud superior a los dos mil metros, lo que impidió técnicamente que los
operadores del sistema portátil Strella pudieran efectuar el disparo. En esa
cota tampoco se contaba con la ametralladora pesada punto 50, cuyo alcance de
tiro eficaz de hasta 6000 metros habría sido ideal para batir el blanco.
A pesar de las adversidades, el personal del arma de comunicaciones —reconocida históricamente como el "Arma del Comando"— demostró que, al igual que la Infantería, siempre está en la primera línea de la batalla. Durante las operaciones en el Alto Cenepa, los comunicadores participaron de forma directa y activa en misiones de combate real: algunos asumieron con valor el liderazgo de patrullas, otros operaron los radios bajo fuego y muchos actuaron como enlaces humanos. Fue debido a este despliegue en las líneas más avanzadas que la gran mayoría de los prisioneros peruanos capturados por el Ecuador fueron los "chasquis" o mensajeros a pie, quienes terminaron interceptados por el enemigo en el corazón de las trochas selváticas.

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ResponderBorrarHola Miguel, intetersantes tus articulos, donde podría conseguir accesorios para un Thomson TRC-372? gracias!
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